4.7.11

Alianza con los humildes del país

Durante la dictadura militar en El Salvador (1932-1979) toda protesta, manifestación, huelgas o paros laborales eran atribuidos al Partido Comunista u organizaciones de izquierda, no se hablaba de injustos salarios, nulas prestaciones sociales y económicas o de la acumulación de la riqueza en pocas manos y en consecuencia lógica la terrible miseria de las mayorías poblacionales. La poderosa minoría, la oligarquía, pues, controlaba el estado político y económico y tenía en la fuerza armada y en los cuerpos policiales, su aparato de represión.

En el presente, cuando supuestamente una corriente de izquierda dirige los destinos del país, se señalan con nombre y apellido las “fuerzas ocultas”, los “turbios intereses” que conspiran contra la estabilidad e intentan destruirla. Una y otra vez se ha señalado desde el Ejecutivo a las cúpulas empresariales, a sectores derechistas, a sindicatos manipulados por estas fuerzas, como los promotores de los desórdenes y de todas las protestas en contra de las “realizaciones” y proyectos gubernamentales. El mismo presidente Funes ha dicho: “el partido Arena en veinte años no hizo nada por el país y ahora se rasgan las vestiduras y critican todo acto en beneficio de la población…”

El gobierno, en voz del titular del Ejecutivo, les está diciendo: los conozco, sé que quieren, que traman, les veo las manos, escucho sus pensamientos, sus acciones; y públicamente menciona nombres, reiteradamente al presidente de la ANEP, Jorge Dabou y al presidente de Arena, Alfredo Cristiani. También señala a ciertos dirigentes de partidos de la derecha de “estar confabulando” y prestarse a las maniobras de los sectores más recalcitrantes y retrógrados del país. Como dicho está, la diferencia entre ayer y hoy es que las huelgas, las marchas campesinas y obreras, las murmuraciones, los rumores y los “actos de terrorismo” los gobiernos derechistas, incluido el de la Democracia Cristiana, los cargaba a la cuenta de siniestros y emboscados enemigos de un signo, y ahora se atribuye la responsabilidad a los del signo contrario. La extrema derecha, pues. Incluyendo un sabotaje a un complejo centro de distribución de agua potable al norte de la capital salvadoreña.

Durante los años difíciles de la dictadura militar, los pronunciamientos anticomunistas del PCN, y de las cúpulas empresariales estaban a la orden del día; Arena, desprendimiento del PCN siguió con esa tónica. Una manera de confundir a la opinión pública y desde luego para justificar su ausencia de sensibilidad para atender las apremiantes demandas de la población. Hoy están las ardientes, calenturientas, proclamas contra “el gobierno del FMLN” por su “incapacidad, su derroche y más impuestos”. Se tiene el cuidado de señalar al partido de izquierda, separándolo para fines electorales, de la figura del presidente de la república, al mismo tiempo que perversamente se trata de profundizar una supuesta división o al menos de crear dudas e incertidumbre. Los dicterios antes apuntaban, aunque vagamente, hacia agentes del mundo comunista, en los tiempos más recientes, a los conspiradores del Socialismo del Siglo XXI, incluyendo la “amenaza permanente” del comandante Hugo Rafael Chávez Frías, el gran estadista venezolano.

En los últimos meses de este año, la espiral ascendente de actos contra la estabilidad del régimen, ha ido desde la nube de chistes ingeniosos o idiotas con que los salvadoreños solemos atenuar nuestro sentimiento subconsciente de frustración fustigando a quienes supuestamente tienen el poder (no se olvide que todavía la oligarquía mantiene el poder político y económico, al igual que en los Estados Unidos la poderosa industria armamentista, química y tecnológica controla todos los actos del presidente Obama y su equipo de gobierno), hasta la criminal alarma por el sabotaje acuífero, pasando por la grave contaminación de plomo en una amplia zona de San Juan OPico, desde luego pasando por “la indignación” de padres cavernarios por los textos modernos que el Ministerio de Educación ha incluido en el programa de enseñanza y que supuestamente los profesores hacen leer a sus hijos.

Las cosas son tan contradictorias y tratadas tan pésimamente o con cierto demagogia, que el Secretario General del PDC, Rodolfo Parker acusa al FMLN de haber confabulado para concretar la extinción de este partido y del PCN, cuando toda la población sabe ahora que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) únicamente obedeció una sentencia de inconstitucionalidad emitida por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Desde hace algunos años, ambas instituciones “ejercían sus derechos”, primero por un mandato de la antigua Sala de lo Constitucional y luego por un decreto amañado, torcido y manipulado de la Asamblea Legislativa, un Órgano del Estado tan desprestigiado y repudiado por los salvadoreños, si nos atenemos a lo expresado en cuanta consulta o encuesta de opinión se ha realizado en el país.

Pero en vano escudriñará el lector las crónicas, los reportajes y las investigaciones de los medios de difusión, y no podrá descubrir qué potestad, tendencia, o poder superior es el que busca alarmar y dividir, predisponer al pueblo contra su gobierno, ni cuáles son los intereses internos o externos que buscan el retroceso o estancamiento, a los que urge cerrar el paso; el gobierno ha señalado nombres de personas e instituciones involucradas en todos los intentos de desestabilización; pero hasta ahora no hemos conocido los poderosos consorcios, monopolios o gobiernos de otros países favoreciendo los fines inconfesables de los grupos de presión internos. Se libra, pues, una batalla verbal contra “fantasmas” que no por ser incógnitos dejan de causar terror, inestabilidad y grave inquietud en los ánimos.

Con todo lo hecho hasta hoy por la Sala de lo Constitucional, actuando con estricto apego a las leyes y a la Constitución, muchos de esos sectores estarán muertos de la risa pues así se olvidan de los grandes y graves problemas que abaten a la población: sigue el alto costo de la vida, los productos esenciales no cesan en su espiral de crecimiento de precios negativos para las familias más vulnerables, el crimen organizado aprovecha los espacios abiertos y la supuesta crisis de ingobernabilidad y “distracción” de los cuerpos policiales para aumentar sus negocios, lo mismo la delincuencia común, apéndice del crimen organizado, de acuerdo con palabras del mandatario de la república; los costos de la gasolina no dan señales de disminución y para colmo se anuncia un nuevo incremento en la tarifa de energía eléctrica. El miedo, el temor, viene utilizándose con finas maniobras, con el evidente propósito de provocar un endurecimiento de línea gubernamental, o al menos caer en más errores, la misma “supresión de libertades” que solamente beneficia al capital, a los grupos reaccionarios y a los grandes intereses monopólicos fincados en El Salvador.

Con todo, empeñosamente se convoca a una gran unidad del país, el presidente dialoga con las cúpulas empresariales (lastimosamente no lo hace con los sectores populares), buscando “no afectarlos” con el impuesto de seguridad para combatir la creciente ola delincuencia y el crimen organizado. Los tiempos no son propicios porque la inconfundible carestía y las “adecuaciones fiscales”, que sacrifican al causante medio y al consumidor, crean inevitable descontento. Pero su el Ejecutivo no se limitara únicamente a señalar a los responsables de propiciar crisis e inestabilidad, sino que pusiera reglas claras y aplicara medidas contundentes sin tanta reunión y “un ponerse de acuerdo”, si se señalara con claridad y valentía a los enemigos de las instituciones (el Ministro de Hacienda, Carlos Cáceres, conoce perfectamente a los evasores de impuestos), a los siniestros intereses del signo que fueren, que tratan de imponernos su ley, sin duda el pueblo acudiría gustoso en apoyo de la actual administración. Toda alianza presupone intereses comunes de los aliados y también enemigos o amenazas que a todos afecten. Mientras no se sepa contra qué nos aliamos, mientras la cacería de fantasmas y los torrentes de palabras sigan adelante sin que los ciudadanos sepamos claramente contra quién debemos luchar, hombro a hombro con los gobernantes, no pasará de su fase retórica el famoso llamado a la unidad. Pero ante todo, el régimen debe mostrar voluntad de trabajar con y por los más humildes de este país, desprenderse de las ataduras del poder económico y dejar a un lado esas tristes alianzas con dirigencias partidarias trasnochadas, como las de GANA, y los extintos PDC y PCN.

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