30.8.11

Los enemigos de siempre

Es muy difícil en este país, lograr consensos o siquiera pequeños arreglos para intentar solucionar problemas de larga data. El gobierno, por ejemplo, no ha logrado ni siquiera acercamientos con las cúpulas empresariales para discutir seriamente el alto costo de la vida, la falta de inversión, la generación de empleos y acuerdos sólidos para hacerle frente al crimen organizado y a la delincuencia común, las pandillas y las “maras”.

Sin embargo, cuando hay graves amenazas contra “la estabilidad” del país o presiones sobre ciertos sectores que desde siempre han gozado de impunidad, entonces surgen las campañas, la unidad de los grupos poderosamente económicos y los llamados al gobierno para actuar en “defensa de la democracia, las leyes y las libertades públicas”. Lo acabamos de ver con la crónica anunciada de la sentencia de la Corte Plena de la Corte Suprema de Justicia declarando inadmisible e improcedente la “captura” y extradición de los militares implicados en el asesinato colectivo de los sacerdotes jesuitas y dos empleadas.

Esos sectores agazapados en la impunidad nunca han señalado con propiedad cuáles son las “fuerzas ocultas”, o los “intereses extraños” que conspiran contra la estabilidad e intentan destruirla. Si acudimos a los archivos, a la memoria histórica, fácilmente comprobamos como cada vez que ocurren “amenazas” contra determinados intereses de la oligarquía o de grupos afines, se emplean las mismas fórmulas abstractas de denuncia. A ratos dejan descansar el Socialismo del Siglo XXI, desde luego al FMLN y al mismo “gobierno izquierdista”, para emprenderla contra funcionarios y países extranjeros, como está ocurriendo contra un Juez español y su país de origen.

La diferencia entre el ayer no tan lejano y el presente es el avance del tiempo, el cambio de personajes y la mayor formación política de los ciudadanos. Desde luego, la firma del Acuerdo de Paz y la fundación de instituciones como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, la desmilitarización de la sociedad, la creación de una nueva policía y con ello la desintegración de cuerpos represivos como la Guardia, y las policías de Hacienda y la Nacional. También dejarle únicamente a la Fuerza Armada la defensa de la soberanía del Estado y la integridad del territorio, como bien lo estipula el Art. 212 de la Constitución de la República. Si ustedes recuerdan antes los militares eran presidentes del país y ocupaban la dirección de instituciones como la ANDA, la CEL, ANTEL, el Seguro Social, Correos, Cuerpo de Bomberos y paremos de contar.

En fin, muchas cosas de “antes” han desaparecido pero otras se mantienen, como esos acostumbrados pronunciamientos anticomunistas y los “temores” contra gobiernos claramente democráticos como el de Venezuela. Los dicterios pues siguen apuntando hacia regímenes extranjeros de corte progresista, como los gobiernos de Ecuador y Bolivia, así como políticos nacionales con formación socialista. En los últimos meses la espiral ascendente de actos contra la estabilidad del régimen, ha ido desde la nube de chistes ingeniosos o idiotas con que solemos atenuar nuestro sentimiento subconsciente de frustración fustigando a quienes tienen el “poder”, hasta torpes campañas contra un posible impuesto a la Seguridad para “vacunar” a las empresas y empresarios de mayor ingreso, así como contra la Ley de Medicamentos porque los grandes fabricantes de medicinas y los monopolios importadores de medicinas no quieren ceder en sus fabulosas ganancias a costillas de las necesidades de la población.

Como en el ayer cuando obligaron a un presidente de la república a dar miles de pasos atrás con el proyecto de la Reforma Agraria, también ahora se descubre cuál es el poder que maneja los hilos de la desinformación y de las campañas sucias contra leves intentonas del gobierno por hacer más llevadera la vida para las mayorías poblacionales. Desde luego, esas “fuerzas agazapadas” buscan ahora alarmar, dividir, predisponer al pueblo contra su gobierno, pues con el engaño y el temor encuentran excusas perfectas para mantener sus privilegios y seguir con el lucro y el enriquecimiento. Se libra, pues, una batalla verbal contra fantasmas y supuestos enemigos que “atentan contra nuestra democracia y los grandes valores de la libertad”.

Las campañas desde luego arrecian cuando se acercan las elecciones, ya ni ocultan las mismas cúpulas empresariales su afinidad con el partido Arena, del cual siguen fielmente la misma agenda. Surgen entonces los intereses económicos de un capitalismo dependiente, y una vez más, en coincidencia de propósitos con la política de los Estados Unidos hacia América Latina. El terror (digamos la distorsión y la manipulación) viene utilizándose de las formas más variadas con el propósito de provocar un endurecimiento de línea y la supresión de medidas que solamente beneficia al capital, a los grupos reaccionarios y a los intereses monopólicos fincados en El Salvador.

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