La recesión económica conduce a otra severa y más destructora prueba al sistema de vida de los norteamericanos. Sus normas democráticas de gobierno (totalmente diferentes con su oprobiosa política exterior de chantaje, intervención y despojo) prevalecieron en la lucha entre los poderes y aseguraron la continuidad institucional durante la reciente crisis política-financiera una de las más graves de su historia. Ante el nuevo e inmediato peligro el interés nacional de supervivencia los obligará a conciliar y a luchar juntos para rehacer su economía y “seguir progresando”.
La crisis económica es mucho más grave (ha obligado al Ejecutivo a recortes fiscales, reducir gastos en inversión social, en seguros de desempleo y más) porque se impuso a la “gran nación” aún antes de que el presidente Obama, pudiera integrar su equipo de gobierno con la supuesta ayuda de un centenar de funcionarios pendientes de aprobaciones presupuestarias de la Cámara de Diputados y del Congreso. Mientras esta parte de la burocracia le allana el camino en el interior del país, el mandatario negocia con los líderes de otras naciones el estratégico y fundamental reconocimiento de la interdependencia y la conveniente coordinación entre las economías que tienen el mismo problema del altísimo precio del petróleo y la amenaza contingente de no conseguirlo. Por estas mismas razones, las potencias aliadas en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) bombardean y apoyan con mercenarios la invasión a Libia para apoderarse de las cuantiosas reservas monetarias, del oro y el petróleo.
La enorme economía de Estados Unidos, con más de 100 millones de empleos remunerados, está en franca depresión. No podría resistir mucho tiempo más operando a una tasa de inflación de casi 13 por ciento, mucho más de la que vienen sufriendo algunos países latinoamericanos, incluyendo El Salvador y que tampoco es soportable sin la autodestrucción.
Así como las remesas hacia El Salvador ha bajado sensiblemente (con leves recuperaciones en determinados meses y épocas del año), los consumidores norteamericanos están consumiendo menos ante la elevación de los precios de todo lo que necesitan para vivir. En muchos lugares del país se están cerrando sus fuentes de ocupación: las fábricas, las plantas armadoras, los talleres, los comercios y como producto de los recortes presupuestarios, hasta algunas oficinas públicas. Faltan empleos para unos siete millones de trabajadores. En los últimos doce meses a consecuencias de la inestabilidad en ciertas regiones producto de la misma voracidad de las potencias imperiales, de su avaricia, los precios de la gasolina subieron más del 40% y las tarifas de electricidad se elevaron considerablemente. En ambos casos, esos paralizantes saltos parecen pequeños comparados con la brusca alza que han tenido la energía eléctrica y los combustibles en El Salvador.
La muy elevada tasa de inflación es a juicio de los economistas una característica sobresaliente de esta recesión norteamericana, en que el desempleo se agudizó hasta que estuvo muy avanzado el mal funcionamiento de la economía. Muy a pesar de la gran cantidad de información de que ya disponen, ni siquiera los economistas especializados denunciaron a tiempo la crisis; la reconocieron hasta bastante tiempo después de que comenzó a descender el nivel de la actividad. La acumulación de existencias en todos los negocios se aceleró a raíz del embargo petrolero y probablemente introdujo mucha confusión e hizo menos sensibles los problemas de la producción y del mercado.
Los problemas de la economía norteamericana están directamente asociados con la crisis del capitalismo mundial. La más larga de las recesiones norteamericanas después de la Segunda Guerra Mundial ocurrió de julio de 1953 a agosto de 1954, que también fue un periodo muy crítico en otras regiones del mundo, cuando muchos gobiernos decidieron desvalorizar su moneda con relación al dólar. No puede anticiparse cuantos meses durará está nueva restricción de la economía en Estados Unidos, aunque los economistas del gobierno esperan que podría superarse en la segunda mitad de 2012 y que después prevalecerán condiciones de franca recuperación. La situación afecta desde ya a El Salvador por cuanto nuestra economía está dolarizada y dependemos fundamentalmente de las remesas y del comercio de importación y exportación con los Estados Unidos.
Con la recesión y la depresión el imperialismo se torna más peligroso pues va en busca de materias primas, de recursos valiosos como el oro, el acero, el petróleo y otros minerales y esos los encuentra en distintas regiones del mundo, casos de Irak, Libia y países africanos. Las intervenciones militares son recursos siempre presentes y nunca desdeñados por la poderosa industria química armamentista y los halcones del Pentágono. La diplomacia del garrote se ha refrescado y muchos son los gobiernos títeres (caso del colombiano en América Latina) que coordinan y se alían con los Estados Unidos en el propósito común de desestabilizar a gobiernos progresistas y apoderarse de recursos y materias primas estratégicas. Las agonías nunca vienen solas, siempre están acompañadas de consortes y testaferros.





0 comentarios:
Publicar un comentario