12.10.11

El sectarismo de los partidos políticos

En muchos sectores de la sociedad salvadoreña existe la percepción de que el partido FMLN y el gobierno los han defraudado y apenas han cumplido con un mínimo del plan nacional de desarrollo y “cambio” propuestos en la campaña electoral de hace un poco más de tres años. El malestar y cierto grado de descontento hasta de las mismas bases, es, por supuesto, aprovechado por el partido Arena, siempre en busca de una tabla de salvación para regresar al Ejecutivo y al dominio de la Asamblea Legislativa y el Órgano Judicial.

Lo escuchamos la semana pasada en un programa de entrevistas en la televisión de boca de dos dirigentes de Arena. Sus arengas y declaraciones, desde luego, predican más el populismo y la demagogia que el realismo basado en estadísticas y en consultas populares. El desgaste sufrido por el gobierno en dos años y medio es evidente, hay inconformidad y continuas protestas del más variado signo: los trabajadores de salud y los profesores exigiendo aumentos salariales, más allá de las posibilidades de las arcas del Estado. La ANEP, por su parte, pidiendo austeridad y subsidios focalizados al régimen. Ninguno de los sectores da muestras de ceder y por el contrario incrementan sus reclamos. Exactamente se centra y siguen la agenda de Arena, voluntaria o involuntariamente.

El gobierno, de acuerdo, no ha cumplido muchas de las ofertas de campaña, como la erradicación de la delincuencia, el crimen organizado, la reactivación de la agricultura, la generación de empleos y una relativa estabilidad en el campo y la ciudad. Hay mucho factores que ciertamente le han impedido hacer los “cambios”, como el aumento exagerado de la violencia, la casi bancarrota del Estado, y la férrea oposición de la “empresa privada” a colaborar y apoyar algunos de los planes propuestos por el gobierno. El mismo Consejo Económico Social abortó por la posición sectaria y partidaria de las cúpulas empresariales.

El régimen se equivocó al pensar que aceptando todas las peticiones y exigencias de las cúpulas empresariales, así como de representantes de los monopolios internacionales, encontraría la ruta o el camino expedito para desarrollar sus funciones. Una cosa son las buenas intenciones y otra muy distinta las realidades de este país. Como bien se dice “de buenas intenciones esté empedrado el camino al infierno”. El desgaste del régimen, evidentemente, también ha sido heredado por el partido FMLN, y de recordarlo cada día se encargan las campañas publicitarias y mediáticas encabezadas por Arena.

La cuestión crucial es ¿permitirá el pueblo salvadoreño que sus antiguos verdugos retornen al Ejecutivo? ¿Será tal el desconcierto y el malestar que en las próximas elecciones la derecha obtenga mayor número de diputados y alcaldías? Los más realistas se atreven a asegurar que el escenario político no sufrirá mayores cambios y se mantendrá más o menos igual, es decir quizás el FMLN gane o pierda unas alcaldías o Arena disminuya o se mantenga con su caudal de votos. A estas alturas se advierte que el ganador absoluto será el abstencionismo, la política y los políticos han ido cayendo en el descrédito y cada vez más la población no cree en sus promesas y olímpicamente les da la espalda.

¿Cómo hacer entonces para modificar el mapa político y motivar a los salvadoreños para asistir masivamente a las actividades partidarias? En el caso del FMLN debería el gobierno lanzar una fuerte ofensiva en la reactivación de la agricultura, en materia de salud y educación y un diálogo más sincero y productivo con las distintas asociaciones y sindicados, sobre todo de empleados públicos, que mantienen una actitud beligerante. Hacer una especie de reflexión sobre lo actuado y acelerar programas tan necesarios como la dotación de vivienda a las familias más vulnerables, la inmediata dotación de medicinas en todos los hospitales públicos y en las farmacias del Seguro Social. Endurecer los operativos contra la delincuencia y el crimen organizado y garantizar un mínimo o un máximo de seguridad a la familia salvadoreña.

Arena, por supuesto, seguirá con una agenda trazada desde hace dos años y medio: las campañas de desprestigio contra el gobierno y el FMLN, rechazar toda propuesta de “unidad y colaboración” formuladas por el Ejecutivo, así como propalar toda clase de campañas sobre la incapacidad del régimen para cumplir con su plan de desarrollo y armonía social. Para ello, cuentan con el apoyo de la prensa y recursos económicos suficientes emanados de sus patrocinadores preocupados “por la instauración del Socialismo del Siglo XXI”, y otras ocurrencias para sembrar temor entre la población.

Son pocos los meses que restan para las elecciones de diputados y concejos municipales; los partidos políticos ya se encuentran en la recta final y han definido prácticamente sus candidatos. El FMLN ha sufrido desgaste en este proceso y se adelanta que posiblemente pierda la alcaldía de Apopa, La Unión y tenga mínimas oportunidades de ganar San Miguel. Esa costumbre de “garantizarle empleo” al compañero o la compañera le ha significado luchas internas al partido de izquierda. La señora Zoila Quijada, por ejemplo, no es con mucho la mejor carta para la comuna de Apopa. No tiene carisma y no es conocida en el municipio. La propuesta de dirigentes del ex partido Comunista, con don Ramiro a la cabeza, se impuso en la decisión final. Arena también ha sufrido mucho desgaste en su carrera electoral, a la separación grave de sus diputados para formar un nuevo partido, también ha tenido que enfrentar oposición de sus mismas bases en la selección de sus candidatos para diputados y alcaldías. Ambos institutos políticos no han superado el sectarismo ni esa fea costumbre de elegir por dedo, ignorando o haciendo a un lado la voluntad de sus militantes y de las comunidades.

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