El Tribunal Supremo Electoral (TSE) prácticamente dio el banderillazo de salida para las elecciones de diputados y concejos municipales por iniciarse en marzo del próximo año. Lo novedoso de esta contienda quizás sean los candidatos no partidarios ya (o en proceso) inscritos y con todos los requisitos cumplidos para optar por el cargo, concretamente para ser representantes en la Asamblea Legislativa.
Además los salvadoreños tendrán la oportunidad de votar en listas abiertas sobre el rostro del candidato o por la bandera de determinado partido político si así lo quisieran. La medida no ha sido del “agrado” de algunos institutos y dirigentes políticos; pero es opción utilizada en varios países del mundo y permite la profundización de la democracia pues los electores pueden seleccionar a la persona de su simpatía o la más conocida en determinada región o distrito electoral. Nos reservamos la capacidad pues no siempre es la más favorecida en este tipo de elecciones.
Más allá de estas consideraciones nos llama la atención la posición de los dirigentes y del partido Arena al apoyar las reformas y la sentencia de la Sala de lo Constitucional al permitir listas abiertas con el nombre y la cara de los candidatos tanto para diputados como para los concejos municipales. Hay, nos parece, una razón fundamental: la bandera del partido de la ultra derecha ya no tiene mayor peso si, al menos, se compara con el símbolo blanco y rojo del FMLN. Por eso, el apoyo de unos y la oposición de los otros a las reformas y al fallo emitido por la Corte Suprema de Justicia.
Además, Arena se encuentra en una situación difícil y complicada, no sólo por el éxodo permanente de centenares de sus militantes, sino porque la población no tiene un buen recuerdo de los 20 años de este partido político al frente del gobierno, de la Asamblea Legislativa, de la mayoría de alcaldías y también de instituciones claves como la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Corte de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral.
Esta situación tendrá sus efectos en las elecciones de diputados y concejos municipales; pero también en las cruciales comicios de 2014 cuando se dispute la presidencia de la república. Las últimas encuestas corridas dan una clara ventaja al FMLN a pesar de ciertos errores cometidos durante los últimos meses, sobre todo en la sección de candidatos a puestos públicos, donde privó de forma indecorosa la reiterada “rueda de caballitos” y el “premiar” una supuesta lealtad partidaria, traducida en no “dejar sin hueso” a ciertas personas que ya no pueden competir para un puesto en la Asamblea Legislativa; pero si como candidatos a alcaldes como ha sucedido en la ciudad de Apopa.
En el Ejecutivo también se han cometido varios errores, algunos de ellos de gravedad; pero la dirigencia del FMLN ha tenido la prudencia de distanciarse de ellos y hacer pública su posición. La población ha entendido el mensaje y tiene claro que el actual gobierno no tiene las suficientes agallas o el tiempo suficiente para hacer realidad ciertos cambios. En el caso de las medicinas, por ejemplo, se debió emitir decretos ejecutivos para bajar el costo de los medicamentos o también que el Ministerio de Salud Pública y el Seguro Social importaran directamente medicinas de la India, Brasil y Cuba para abaratar los costos. Desde luego, el ceder constantemente a las presiones de las cúpulas empresariales es otra de las deudas pendientes. Por supuesto, el reducir el alto costo de la vida, la generación de empleos y el combate integral contra la delincuencia.
En todo caso, la población tiene muy en claro que no es Arena el partido ideal o necesario para sacar a flote la economía del país, eliminar la corrupción y la delincuencia. La seguridad ciudadana no sólo pasa por contar con una buena policía y el combate frontal contra la delincuencia y el crimen organizado. Mucho tiene que ver con la salud y la educación universal y gratuita, la integración familiar y la reactivación económica. Es decir, políticas de Estado para conformar una sociedad de derecho, ejemplar, humana y solidaria.
En los veinte años que Arena estuvo al frente del Ejecutivo se abandonó totalmente la agricultura, no se reactivó la economía, se dieron escalofriantes casos de corrupción en el Seguro Social, en la ANDA, en el Banco de Fomento Agropecuario, en Obras Públicas, en la privatización del sistema financiero, en la CEL, en los ingenios azucareros y tantos casos más. En todos los hechos bien documentados y con gruesos expedientes tanto en la Corte de Cuentas como en la Fiscalía General de la República, estuvieron implicados altos dirigentes del partido Arena como Roberto Mathies Hill, Raúl García Prieto, Carlos Perla, Héctor Cristiani, así como el mismo ex presidente de la república, Antonio Saca, señalado por Alfredo Cristiani, como “corrupto” al quedarse con más de dos millones de dólares de una “supuesta” partida secreta, en el último mes de su gobierno.
Por eso y mucho más resultaría difícil que la población volviera a confiar en el partido Arena, no se trata de hechos o casos aislados, fue una conducta deliberada y una manera muy particular de conducir los destinos del país. El actual gobierno heredó un Estado en bancarrota, una sociedad profundamente desigual y sumida en un pavoroso caos social en donde la delincuencia y el crimen organizado prácticamente habían penetrado la policía, el sistema judicial y otros Órganos del Estado. La desintegración familiar se produjo porque a propósito los cuatro gobiernos de Arena no generaron empleos y obligaron a miles de salvadoreños a emigrar mensualmente hacia los Estados Unidos. Las remesas enviadas sirvieron para ampliar la sociedad de consumo y provocar el crecimiento de los centros comerciales.
Como partido político y como candidatos a determinados puestos públicos, tienen todo el derecho de presentar planes de trabajo, proyectos, y solicitar el voto de los salvadoreños; pero una reflexión a fondo y una revisión del pasado nefasto, generará de antemano un rechazo a toda pretensión de los dirigentes de Arena para retornar al gobierno y a los privilegios de que gozaron en 20 años. Es la más cruda realidad y los hechos y estadísticas, corroborados por los estudios de opinión, así lo demuestran.





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