21.11.11

En España no hay milagros, hay desastre

Cuando escribimos estas líneas se desconocen aún los resultados para elegir al nuevo presidente del gobierno español, en unos comicios marcados por el escepticismo y la poca afluencia de votantes, nada más un 36% de los oficialmente inscritos en el padrón electoral, según los datos emitidos por las autoridades competentes. La presidencia se la disputan Mariano Rajoy, del Partido Popular y Alfredo Pérez Rubalcaba, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Más allá de quien resulte electo nos interesa hacer un análisis de la situación política y social del país ibérico.

España es un país de una extensión geográfica de 504 mil 790 kilómetros cuadrados y una población de casi 40 millones de habitantes. Es productor mundial de aceite de oliva y una enorme riqueza forestal calculada en 17 millones 758 mil metros cuadrados. Tiene una excelente ganadería bovina, caprina, ovina y porcina. Además muchos recursos mineros localizados sobre todo en la región vasca. Es pues una nación puesta muchas veces de pie sobre sí misma, a pesar de sus gobiernos. En los últimos años ha sufrido transformaciones drásticas en el rubro económico, pues los precios han subido al menos un 14% durante este año, además de un escalofriante desempleo arriba de los cinco millones.

España sólo hay dos: la oficial que compra y vende su plastificado milagro económico, y la real-cotidiana y no tan permanente que sabe de las horas extraordinarias, la jornada doble y las divisas del turismo. Pero también está la entregada a la gala, al deporte (el fútbol es de las mayorías, con el Barcelona y el Real Madrid, como los únicos apuntando a ganar año con año en máximo galardón), a la diversión y al glamour. Son monárquicos y admiradores de todo lo surgido de los palacios y de las cortes. Rinden pleitesía a sus reyes y hasta los príncipes, condes y condesas. Se mueven entre lo irreal y el mundo de la fantasía. Apuestan a ganar todo y son grandes perdedores en el culto sin valor ni réditos a lo cortesano.

España es un país donde incluso su prensa sin libertad refleja la existencia de un sistema financiero de concentración oligopolística; con la progresiva acumulación de los recursos nacionales en poder de los cinco “magníficos” (Banco Español de Crédito, Banco Hispano, Banco Central, Banco de Bilbao y Banco de Vizcaya), la Banca sólo busca cuantiosos beneficios que presentar a las juntas de accionistas, sin preocuparse de los sectores menos rentables pero más necesitados. Lo hemos visto en los dos últimos años cuando el costo de la vida ha aumentado y el desempleo supera los cinco millones. Los “indignados” surgen en esta península ibérica no por simple capricho, sino para protestar por el clima de inseguridad, el desempleo, la falta de oportunidades para los jóvenes y la avaricia sin límites de un sistema financiero apoyado desde la presidencia del gobierno y por las cortes monárquicas cada vez más favorecidas por los impuestos y los tributos para mantener sus castillos, sus jardines, sus cotos de caza y sus caballerizas.

Españoles son, por una parte, los de siempre que sólo se visten de Europa para Europa, y, de otra, quienes apenas pueden observar al turismo que contempla su confort de televisión y botijo, los que apuran el escaso licor de la otra cara de la moneda. Lo de Grecia los tiene sin cuidado, lo de Portugal, compartiendo la península ibérica, apenas es un rasguño en su apretada agenda económica, y lo de Italia nada más para saber que la crisis del capitalismo no llega a cuentas gotas, ni abate sólo a su país sino que a toda la comunidad europea. En fin España es un país donde la misma prensa informa de que sólo nueve de sus 50 provincias pueden considerarse “industrializadas” (se considera “provincia industrializada”, según la Organización Internacional de Cooperación y Desarrollo Económicos, aquella cuyo sector secundario supone más de un 40% respecto a la producción total).

Y españoles son todos: los empleados y los desempleados, los cotizantes y los pensionados. También los que han ahorrado para que desde hace años la formación bruta del capital supere el 20% del producto nacional. Esta elevada tasa de capitalización figura en un reciente comentario editorial publicado por el periódico El País. Dice: la mencionada capitalización, que figura entre las más elevadas del mundo y acaso sólo superada por la alcanzada por el Japón, ha sido, sin duda alguna, uno de los factores determinantes del intenso ritmo de desarrollo alcanzado por nuestra economía, sobre todo a partir de los años 70”. En fin los funcionarios del gobierno español han hablado del “enorme desarrollo industrial alcanzado por España”, de las fuertes inversiones privadas nacionales y extranjeras y de las “grandes oportunidades para todos los españoles”. La “verdadera” realidad, no la ofrecida por las campañas mediáticas, indica otra cosa: España al borde del precipicio, desgastada por el alza de los precios y ofendida al máximo por el escalofriante desempleo y las enormes ganancias de los Bancos. Y como no por el ostentoso y ofensivo tren de vida de los reyes, los príncipes, condes y condesas.

Y hay otras cuestiones más allá de la debacle económica, social y política. España es un país donde se lee poco (mucha basura al igual que en México, heredero y el más fiel seguidor de las costumbres y tradiciones españolas), aunque cada vez se lea más, y resulta lamentable porque cuesta muy poco leer un libro publicado por Alianza Editorial, en su colección de bolsillo. Los “grandes” economistas españoles no figuran precisamente en la nómina de los aplaudidores oficiales del reino. En el libro Introducción a la Economía Española, se explican muchas cosas, por ejemplo: El turismo, las remesas de emigrantes y las inversiones de capital extranjero, son tres de las partidas invisibles de la balanza de pagos, así denominadas porque se traducen en ingresos que no tienen contrapartidas tangibles. En las últimas balanzas las tres partidas supusieron unas entradas brutas de 3.351 millones de dólares, representativas del 45% de nuestros ingresos totales. El sector exterior de la economía española muestra, por tanto, una fortísima dependencia de los flujos por invisibles. Incluso se puede afirmar que, siendo el sector exterior el elemento más dinámico para el desarrollo de los últimos años, todo el crecimiento económico español queda en función de las partidas invisibles de la balanza. En el rápido aumento de tales entradas -- y primordialmente del turismo-- radica, pues, el pretendido milagro económico español, que no ha consistido sino en una fuerte ampliación del mercado interior, inducida por el aporte de los ingresos por invisibles de la balanza de pagos”.

España es un país donde jamás coinciden los análisis nacionales del gobierno con las opiniones de la intelectualidad “secreta”. La cultura pública inducida por la información-propaganda gubernamental contiene -- por increíble que parezca-- una visión muy especial del milagro franquista. La España oficial distribuye su versión según la cual se ha alcanzado el “boom” económico como resultado de unos cuantos años de apretarse el cinturón. Y durante esos años ha sido estrictamente necesaria una conducción autoritaria y eficaz del proceso nacional. Al final, los españoles se han dado cuenta de que todos estos años les han estado mintiendo, que el crecimiento económico no es tal y únicamente ha servido, lo USUAL EN EL SISTEMA CAPITALISTA, para acrecentar las fortunas de los millonarios, para favorecer al sistema bancario y a las grandes industrias. Aquí, como allá, las pérdidas se van para el Estado y las ganancias se privatizan. En estas condiciones se realizaron las elecciones para elegir al nuevo Presidente del Gobierno Español. Mientras no se vaya al fondo del “asunto”, mientras no se señale al “sistema” como al causante de la formidable crisis, España y los restantes países de la Comunidad Europea, seguirán caminando hacia el desastre total y llevándose consigo a millones de personas.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Solo un ignorante es capaz de escribir tanto disparate sobre España en tan corto espacio. No tiene ni puta idea y encima no se preocupa en ocultarlo.

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