7.11.11

Los momentos históricos de Grecia (2)

No se olviden: las palabras han dejado de tener sentido, los hechos brutales se imponen sobre la civilización. Grecia es apenas la punta de una agonía anunciada; en el norte de África Libia es la realidad, una de las tablas de salvación de la voracidad imperialista.

El pasado clásico arrastra la historia de Grecia, los dioses del Olimpo la fundaron en una región estratégica, no por nada los británicos establecieron su “escudo” defensivo, partiendo de los ángulos y los canales de Suez y de los Dardanelos; pero también controlando a Chipre y Malta, los imperios se extienden y dominan por razones estratégicas. Las guerras siempre en primera y última instancia tienen carácter económico. Libia e Irak en el presente son un ejemplo de ello. Esa situación, en 1944 -- liberación de Grecia-- pareció romperse. Las fuerzas populares de la resistencia, con el apoyo de las guerrillas yugoslavas de Tito -- los Partisanos las llamaban-- ganaron posiciones. ¿Un país soviético o socialista en una zona clave del complejo sistema del poder imperial?

En octubre de 1944, Churchill se reunió con Stalin en Moscú. El tema de la conversación, sin Roosevelt delante, fue descarnado: “La división de las esferas de influencia en los Balcanes. Churchill -- lo cuenta en sus memorias-- tomó un pliego de papel, rayado dice, y escribió: en Rumania la influencia rusa el 90%, la nuestra el 10%; en Yugoslavia el 50% a cada parte lo mismo que en Hungría; en Bulgaria el 75% para Rusia y el 25% para nosotros. En Grecia el 90% para Inglaterra y el 10% para Rusia. En el presente, Francia ha exigido el 60% del “botín” en Libia. El resto de carniceros, con Estados Unidos de Norteamérica a la cabeza, han accedido.

Aquella fría disección quedó puntualmente escrita. Pasó el papel a Stalin. Este “con un gran lapicero azul -- dice Churchill--, hizo un signo de asentimiento. Nada más verlo el líder británico sintió toda la vergüenza del mundo. La hipocresía, las convenciones púdicas del Imperio entraron en juego. Cuando Bush, por mandato de las oligarquías económicas de su país, masacró al pueblo iraquí no lo hizo “por temor a las armas no convencionales” y para “liberar” a esa nación árabe del “tirano Hussein”, sino por el petróleo.

n ¿No se dirá que es brutal que dispongamos así de millones de seres humanos? ¡Quememos el papel! – dijo Churchill.

Stalin, impasible, contestó así:

n No, no ¡Quédese con él!

El 50/50 de Yugoslavia era grotesco porque, en aquel momento, la resistencia popular ganaba la partida a los alemanes. Las tropas de Tito querían liberar el país antes de que llegaran las soviéticas. Así fue y de ahí arrancaría la causa, posteriormente, de la crisis. No es lo mismo ser liberado que liberador. Tito entendió que él era el vencedor.

En Grecia las tropas británicas actuaron de acuerdo con una estrategia global. Un telegrama de Churchill al ejército británico en la Hélade dejó las cosas en su sitio: “si es necesario por vía de la sangre”. El 12 de octubre de 1944, unos días después de la conversación de Churchill con Stalin, las tropas alemanas evacuaban Atenas. La guerra civil griega estaba en el aire y en la tierra. La “resistencia” del ala derecha se unió a los ingleses; la de la izquierda esperó, en las montañas, el auxilio socialista. Pero sólo contó con el de Yugoslavia que fue decayendo paulatinamente. El delfín de Tito -- entonces porque la vida es breve--, Milovan Djilas fue a ver a Stalin. Este, frío, realista, conservando la cabeza en su sitio, le dijo:

n Inglaterra no permitirá que esa área de influencia se pierda. A la larga ese asunto está condenado.

Djilas se quedó callado. Entendió que la estrategia soviética era de largo plazo. Nada sabía de los tratos con Churchill.

La represión fue sangrienta. El ejército libertador británico se colocó al lado de las fuerzas más conservadoras del país. La guerra civil fue salvaje. Los odios de clases anegaron la razón. Stalín estaba en otras cosas.

Pero, al mismo tiempo, la dialéctica de la historia jugaba su enorme papel de cirujano. En efecto, en 1947 Inglaterra anunciaba a los Estados Unidos que su ayuda militar y económica a Grecia se terminaba. Las fuerzas de Inglaterra -- con el imperio disolviéndose como azúcar y con la urgente necesidad de la reconstrucción interna-- no daba para más. Era un gigantesco viraje de la diplomacia y de la guerra. Desde 1830 en Atenas, invisible, no hubo nada más que una bandera de la decisión: la inglesa. En 1947 se arriaba.

El 12 de marzo -- el memorando inglés a Washington se firmó el 27 de febrero-- Truman anunciaba al Congreso de los Estados Unidos que estaba dispuesto para asumir la “defensa” de Grecia y de Turquía. Era el nacimiento de la Doctrina Truman. Norteamérica reemplazaba a Grecia en el Mediterráneo Oriental produciéndose, así, uno de los cambios históricos del siglo. Sin sentirse. Así de sencillo; así de terrible. El ayer no es el hoy, dirían ciertos “analistas”; pero en el caso de Libia la OTAN se convirtió en el azote y en el brazo armado de las potencias imperialistas para masacrar al pueblo indefenso y al final asesinar al presidente Muammar al Gadaffi.

Las guerrillas fueron aplastadas. El modelo griego del mariscal Papagos se impuso, con el “terror blanco”, para liquidar el “terror rojo”. En la historia de las simplificaciones las palabras dejan de tener sentido. Los hechos brutales y antirretóricos se imponen. En el Partenón la familia real griega enseñaba las ruinas de la Acrópolis a los soldados del otro lado del Atlántico.

Esa situación ejemplificada, en un punto geográfico clave, lo que en su momento fue el discurso de la Guerra Fría. Las palabras fueron barridas por los cañones. Inglaterra se convirtió en un pequeño país europeo. La suerte del Mediterráneo y del Oriente Medio se jugaba en Washington y en Moscú. Actualmente la “crisis” del capitalismo derrumba todos los paradigmas y apenas Grecia es la punta más visible, no menos que España, del descalabro anunciado.

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