Como dicho está, Grecia no es más que una expresión en cabeza del declive del capitalismo mundial, no es broma y es para asustar a los pocos ideólogos del sistema: España agotada en su reformismo, en sus calculados intentos por apaciguar las tormentas internas y evitar el despeñadero con más de cinco millones de desempleados en los últimos seis meses, no acierta el rumbo ni aporta esperanzas a su atribulada población. Italia ya es el desastre y no termina su anunciada recomposición con la renuncia de su Primer Ministro Silvio Berlusconi, tampoco con las reformas emprendidas desde el Congreso.
Las cabezas se cortan: las ideas vuelven y renace. En 1963 se comenzaba a pensar que la guerra fría no sería eterna. En Grecia los partidos se reagrupaban; la izquierda tomaba aire en los pulmones. ¿Había esperanzas? En 1963 Lambrakis era fríamente asesinado al salir de un acto público. En un espléndido filme se cuenta esa jornada -- y las que le anteceden y siguen-- del miedo y la cobardía. Se dijo que un grupo de la extrema derecha fue el responsable del asesinato. Un abogado, valeroso, demostró el esquema de las responsabilidades policíacas y del Estado en todo el asunto. La marea popular se crispó. El gobierno democrático -- el centro-- de Papandreu buscó más aliados a la izquierda. Su hijo fue acusado -- Andreas Papandreu-- de gestar un golpe de Estado desde el ejército (Proceso ASPIDA).
Era el caos político. El Rey, en 1965 destituyó a Papandreu que pasaba de la derecha liberal al centro-izquierda. ¡Grave pecado en la guerra fría! Así, pues, 1965 marcó también un dato histórico: las potencias que controlaban Grecia no estaban dispuestas a los cambios en una “zona comprometida”. ¿Qué hacer?
Las elecciones generales estaban previstas para 1967. En Grecia hubo la impresión de que la generación que había sido aplastada entre 1944 y 1948 revivía, es decir: la posibilidad de una victoria de la izquierda no era un sueño. En Delfos el oráculo de Apolo, misterioso y evasivo, escuchaba a los turistas. Un amigo me recuerda: “venía del pedregal y me encontraba justo en el medio”. Lo del “pedregal” es broma y se refiere a las históricas ruinas.
Cuatro días antes de iniciarse la campaña electoral de 1967 los tanques del ejército griego -- 21 de abril-- llenaron las calles de Atenas y Salónica. Como una máquina perfectamente engrasada el país quedó inmovilizado. Se inició una gigantesca redada. El Plan Prometeo funcionó a la perfección. Triste papel de las fuerzas armadas.
El Plan Prometeo era el plan de la OTAN para en caso de que hubiera una “subversión” en Grecia. El original estaba en la sede de la OTAN, en sus cajas fuertes. Cada país crítico, en áreas geográficas decisivas, con su propio esquema. La primera copia, en suma, en los cofres de acero del Estado Mayor helénico. Unos días antes del golpe una delegación de oficiales griegos había visitado en Washington a uno de los estrategas del Departamento de Estado: Walt W. Rostov. Un ejército de la CIA, en Atenas, estaba en pie de guerra con Richard Barnum al frente. Entre la CIA de Atenas y los grupos de presión norteamericanos, en los Estados Unidos, una fundación conducía -- es un viejo hilo-- el barco. Se llamaba la fundación Esso-Pappas. Pappas, viejo millonario de origen griego, era íntimo amigo de Agnew y de Nixon. Los fondos secretos.
En Libia, en el presente. La OTAN ha actuado como cancerbero de las añejas oligarquías europeas y norteamericanas. El original de la operación ahora descansa en las cajas fuertes del Pentágono, copias se encuentran en la sede de la OTAN, Londres y Francia. Los groseros ataques de exterminio de la población indefensa, en ningún momento guerra porque no lucharon contra nadie, también tuvieron esta vez razones “estratégicas” y económicas. Sin embargo, “cuando la historia se repite, es una comedia”, lo dijo Carlos Marx.
El Plan Prometeo no tuvo un fallo: salvo los muertos. Pensado desde mucho antes de la crisis de 1967 muchas de las personas que figuraban en las listas como “peligrosos” habían muerto en las redes -- no bucólicas-- del terror blanco o habían dejado atrás -- la vida es señal imperativa a la cautela-- sus antiguas ideas o esperanzas. El golpe de Estado del 21 de abril encontró a la izquierda griega en calzoncillos a las 6 de la mañana. Pensaba inútilmente, con sueños de color rosa adornados con ángeles de Rafael y el Greco, que nada iba a ocurrir y que, en aquel punto crítico de la estrategia mediterránea, la izquierda tendría una posibilidad pacífica, no obstante, de tomar otro rumbo en la política internacional y nacional. El rey se pasó, provisionalmente a los coroneles y a los tanques. Un militar duro – después blando-- ocupó el poder: Papadópulos. Los sueños murieron al alba. Atenas en abril es mágica. Lo he podido comprobar. 44 años después la izquierda se encuentra atomizada. Apenas hay respuestas al descalabro planetario del modelo y un mínimo liderazgo de las masas indignadas. El capitalismo tiene todavía muchas bazas a su favor.





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