13.12.11

El escabroso mundo del narcotráfico

No parece haber solución para los graves problemas de al menos tres países de Centro América: El Salvador, Guatemala y Honduras, los tres con índices delincuenciales superiores a otras naciones del mundo (nosotros tenemos un promedio de 12 a 13 homicidios diarios), con un desempleo escalofriante, una economía al borde del abismo y una desintegración familiar cada vez mayor por ese éxodo incesante de sus habitantes hacia otros países, principalmente Estados Unidos, que ya no es el “sueño por todos esperado”, debido a su crisis financiera y a la creciente desocupación y recesión económica.

En Honduras la situación es cada día más grave: hasta el momento de escribir este comentario se contabilizaban 17 periodistas asesinados, el último de ellos una profesional de las comunicaciones que durante los sucesos que terminaron con el gobierno del presidente Manuel Zelaya, había trabajado en Radio TV Globo y había criticado duramente al ejército y a los grupos económicamente poderosos que intervinieron en la asonada militar. Las investigaciones determinan que al menos seis de los asesinados también estuvieron al lado de la democracia y del ex presidente Zelaya.

No se trata sólo de secuestros y asesinatos, Honduras también se ha convertido en una base de operaciones del narcotráfico. Lanchas, submarinos y avionetas son los medios preferidos por el crimen organizado para sus actividades ilícitas. Aprovechando la extensión geográfica y montañosa, así como la nula vigilancia en zonas rurales apartadas, se realizan las descargas de la droga, así como cargamentos de armas para el bajo mundo. Las informaciones detallan que policías y miembros de las fuerzas armadas forman parte o colaboran con los mafiosos.

En Guatemala hace muchos años al crimen organizado penetró a los cuerpos de seguridad y al ejército, desde luego al sistema judicial y otras instituciones gubernamentales. No sólo se ha convertido en un “puente” obligado para el comercio ilícito de estupefacientes, sino que vastas regiones del país se utilizan para el cultivo de la droga. Sin mayor confirmación se asegura que también se han instalado laboratorios sofisticados para procesar “la materia prima” y producir la heroína y la cocaína. Las áreas montañosas e impenetrables del Petén permiten toda clase de operaciones al margen de las leyes. Incluso se descubrieron campos de entrenamiento para “soldados” de la mafia del narcotráfico y el crimen organizado.

El asesinato de tres diputados salvadoreños del Parlamento Centroamericano y su motorista, no fue un hecho aislado y estuvo relacionado con el lavado de dinero y el tráfico de drogas desde El Salvador a Guatemala y viceversa. Las autoridades judiciales de Guatemala tienen registradas llamadas telefónicas hechas de celulares de los diputados hacia determinadas personas en El Salvador. Nunca se quiso llegar al fondo del hecho a pesar de que muchos de los policías implicados en el crimen colectivo fueron asesinados en el interior de un penal. Tampoco se investigaron las llamadas telefónicas ni todo el entorno del caso.

El crimen organizado funciona como un reloj suizo, con precisión y seguridad, en estos tres países de Centro América, desde luego con ramificaciones, contactos y bases de operación en México, Colombia y hasta en los Estados Unidos, donde se localiza el mayor mercado consumidor de drogas del mundo. El sistema financiero no está fuera de la jugada, pues de una u otra forma se presta o colabora con el lavado del dinero producto del negocio de los estupefacientes. Las grandes construcciones de centros comerciales, hoteles de playa, clubes nocturnos y demás lugares de diversión también pudieran estar implicados en este lucrativo negocio de la droga. Esta denuncia la reitera el conocido experto en la materia, Carlos Avilés. De donde obtiene sus informaciones y porqué razón no se investigan sus aseveraciones es algo todavía inexplicable.

En el medio de este lucrativo negocio también se mueven poderosos grupos económicos, también hacendados y dueños de terrenos y mansiones en el litoral salvadoreño. Los moradores de estos lugares, sobre todo pescadores, hablan de lujosos yates y poderosas lanchas con motores fuera de borda que constantemente atracan en muelles improvisados. Desde luego, avionetas también aterrizan en listas clandestinas, aquellas en su momento utilizadas por la guerrilla salvadoreña para introducir armas y municiones. La fuerza aérea y la marina conocen de esto, sin embargo no se hace nada ni se procede para contrarrestar las operaciones ilícitas y capturar a los mafiosos. El poder del dinero es tan fuerte que penetra las instituciones y la policía y algunos destacados miembros de la fuerza armada forman parte de este ejército irregular. No es un caso aislado que un capitán de la fuerza armada salvadoreña fuera señalado como responsable de un equipo de traslado de drogas hacia los Estados Unidos. También de entrenar a “soldados” de la mafia del narcotráfico.

El evidente contubernio entre narcotraficantes, militares, policías y sistema financiero, terminará cuando el gobierno de los Estados Unidos se decida a combatir el basto mercado consumidor de su propio país, desclasificar la información en poder de la DEA, acusar y capturar a las personas e instituciones implicadas en México, Guatemala, Honduras y El Salvador y limpiar, con la colaboración de los gobiernos, a todas “las instituciones” de personas infiltradas, miembros o agentes operativos de los grandes carteles de la droga.

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