5.1.12

Las amenazas imperialistas

El año pasado fue una copia más de lo sucedido en otras décadas: los Estados Unidos y su política imperial imponiéndose por la fuerza de las armas a otras naciones del mundo. Actuando como policía del mundo, ejerciendo dominio para controlar zonas estratégicas, para apoderarse de materias primas, sobre todo, de petróleo y de esos recursos minerales tan preciados para construir misiles, armas de destrucción masiva y naves espaciales. Por ello, nuevamente insistimos al comenzar 2012 en la necesidad inexcusable de unificar tendencias, converger líneas y conjugar esfuerzos contra el objetivo común y principal: el imperialismo.

Desde las redes y por otros recursos alternativos debemos mantener el dedo en la llaga, señalar las atrocidades y denunciar todas las infamias cometidas por la mayor potencia armada del mundo en nombre de la democracia y las libertades. De imperialismo hablamos, en singular, porque el otro solamente existe en la concepción de unos cuantos, movidos, unos por la indigencia que el populismo ambivalente genera, otros, por la obstinación en querer anular antagonismos sin un salto cualitativo hacia delante, y finalmente, una tercera y última corriente, convencida que entre las grandes naciones mafiosas, que hasta ahora se concentran en la OTAN, la alianza con cualquiera de ellas implica subordinación total y absoluta.

Por otro lado, excluimos el adjetivo yanqui (tan utilizado por los nicaragüenses desde la gesta independentista de Sandino), por la simple razón de que no existe, fuera de los Estados Unidos, un país capitalista del occidente y el oriente, en condiciones de desarrollar una política expansionista mundial en lo económico y lo milita. Deseos no les faltan y sus alianzas entre miembros de la OTAN así lo dictan: las agresiones contra Afganistán y la descarada intervención en Libia que finalizó con el asesinato de Gadaffi y el posterior robo de las reservas monetarias internacionales y el reparto proporcional del petróleo, son apenas muestras de su guerrerismo. En el horizonte ya se anuncian agresiones e invasiones contra Siria e irán. Venezuela es también un objetivo estratégico.

Hace algunos años todavía se hablaba de dos bloques y de la guerra fría. Ahora no necesita alguien poseer muchas luces para discernir lo absurdo de la idea de dividir el mundo en pedazos más o menos iguales tocando uno a los Estados Unidos y el resto a los miembros de la OTAN. Esta idea no resiste, siquiera, un análisis superficial. Por razones lógicas; pero sí es evidente el reparto de recursos, de materias primas y al menos el control estratégico, cuando le es permitido, al coloso imperial. En fin los que abogan esta causa (es interesante leer la revista Times y el periódico de Wall Street para conocer cómo piensan y hacia que rumbos convergen los magnates norteamericanos) necesitan recurrir a toda clase de artificios para sostenerla. El de uso más corriente consiste en argumentar que al menos tres de las grandes potencias poseen armas atómicas suficientes para paralizar el mundo por el terror, olvidándose, entretanto, que precisamente el nunca demostrado equilibrio de fuerzas es lo que impide se desate una definitiva conflagración mundial.

No debe olvidarse que la gran potencia y sus aliados amenazan a otros países por sus estudios y avances en la energía nuclear con fines pacíficos. El “sólo nosotros tenemos el derecho de poseer estos recursos nucleares, porque somos responsables, ustedes no, son nada más fanáticos y terroristas en potencias”, parece ser el slogan de uso diario. En todo caso, no precisamos añadir que solamente una de esas potencias, los Estados Unidos, como consecuencia misma de su propio sistema, necesitaría de una nueva hecatombe entre los pueblos, para ajustarlos y someterlos a las exigencias crecientes de su expansionismo económico militar. Ante la imposibilidad de desatar la guerra total, el imperialismo norteamericano se ve en la contingencia de valerse de las guerras regionales, como las del Medio o Oriente Medio. Más en virtud de la limitación de los conflictos, las armas que deben decidirlos son las convencionales y no las atómicas que los resolverían en cuestión de horas. La prolongación de cada uno de esos conflictos contribuye, indiscutiblemente, a desgastar el prestigio de Estados Unidos, en todos los sentidos, como quedó cabalmente demostrado en su desastrosa intervención en el Sudeste Asiático, en Irak y lo reafirma con su “empantanamiento” en la invasión a Afganistán.

En aquellos años, bien lo recordamos, la Unión Soviética jugó un papel de primer orden para la realización de la conferencia de paz por la cual los Estados Unidos se vieron forzados a retirar sus ejércitos de Vietnam. Y no fue una contribución pasiva, sino activa y real. Sin los tanques y los cohetes de fabricación soviética ni el entrenamiento de los vietnamitas para el uso de esas armas de manejo complicado la derrota militar de los Estados Unidos no habría sido posible. No excluimos, por supuesto, la valiosa e indispensable contribución de China Popular y otros países del campo socialista, inclusive de la pequeña y heroica Cuba.

En el presente la valiosa intervención de Rusia y China Popular han impedido que la OTAN, en su vergonzoso papel de rufián del mundo, ataque e invada Siria. También hay apoyo de estas naciones a Irán, constantemente calumniado por la gran potencia imperial. Así como en el pasado reciente convocaron a las fuerzas de paz para detener la salvaje agresión imperialista contra Vietnam del Norte, Los y Camboya, también ahora la sede de las Naciones Unidas sirve como caja de resonancia para detener ataques armados contra otras naciones del mundo árabe. Por cierto el actual movimiento de “Ocupemos Wall Street”, nos recuerda la movilización popular y masiva tan extraordinaria favorable al retiro de las tropas norteamericanas del Sudeste Asiático, movimiento que logró la adhesión de personalidades destacadas como los senadores Eduard Kennedy y George McGovern. Este último, como bien recordamos, defendió en su campaña presidencial, el regreso de todos los soldados norteamericanos a sus hogares junto con los prisioneros de guerra.

El resto es parte de la historia. La Unión Soviética salió con mayor prestigio, en lo político, en lo moral y lo diplomático, mientras la soberbia águila imperialista tuvo que reconocer, por primera vez, en su larga cadena de atropellos y crímenes, una derrota de significación histórica trascendental. El año 2012 no comienza con buenos augurios, está la amenaza latente en América Latina contra Venezuela y su gobierno revolucionario. En el Medio y lejano Oriente Irán y Siria son los objetivos inmediatos de las huestes imperialistas. Por ello, insistimos en la necesidad de mantenernos atentos y denunciar por todos los medios posibles cada zarpazo, golpe militar o agresión armada que se intente contra naciones soberanas e independientes.

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