23.1.12

Retornan los fantasmas del pasado

Con el inicio del año, también comenzó, o continuó, la campaña electoral para elegir nueva Asamblea Legislativa (sus componentes) y Concejos Municipales. Como ya es usual los partidos políticos no han respetado tiempos ni espacios y alegremente han violado las leyes secundarias y el Código Electoral. Al menos se distraen en estas “pequeñas cosas”. Hace años el PRUD y el mismo PCN utilizaban otras estrategias: aceitaban su maquinaria y llegado el momento utilizaban toda clase de subterfugios para obtener mayoría.

Con el transcurrir del tiempo han sucedido tantas cosas en este país de milagrerías: hace muchos años, al menos antes de los años 70s se hablaba mucho de golpes de Estado, de asonadas militares y de la “intervención” de los cuerpos de “seguridad” para contener las “desviaciones” de sectores progresistas. “El camino para acceder al gobierno son las elecciones”, decían los portavoces de los oligarcas y de los mandos militares. Pero luego los movimientos de oposición optaron por otras vías y aparecieron los grupos armados, la guerrilla y sus comandos urbanos. Ya entonces se pusieron de moda esos dos fantasmas: revolución y golpes de Estado.

De una cosa rápidamente pasamos a otra. A veces parecen o parecían más bien los estandartes de dos tendencias, las ideas primordiales de dos corrientes políticas, y, en ocasiones, solamente semejaban ser como esos espantapájaros que los humildes campesinos colocan en sus pobres maizales para prevenir la merma de sus cosechas. Los tiempos pasan, las tradiciones continúan. En el presente son otros los senderos, otras las argucias, circunstancias y más para mantener el control del Estado y el poder económico. La oligarquía, nunca inteligente, ha sabido sin embargo, sostener los cordeles y agitar a su plena convivencia a sus títeres.

En la actualidad, pues, esos dos fantasmas, revolución y golpes de Estado, ya no están en el firmamento, a pesar de ciertos nostálgicos que amenazan a la incipiente democracia y a sus débiles instituciones, han desaparecido o se han diluido, la misma fuerza armada sabe por la evolución de las sociedades que su antiguo rol de meterse en todo, ha desaparecido y que sus antiguos “amos” confían en ellos, pero no tanto como para “aconsejarlos” y obligarlos a tomar un camino desesperado. Lo que siempre se mantiene es la arrogancia, el cinismo y la hipocresía para intentar dar atole con el dedo a los salvadoreños. Los expedientes son otros; pero el fin el mismo: optar por el control político y el poder económico. Ya todos sabemos por experiencia lo que ocurría cuando los oligarcas veían amenazados sus intereses. Al pobre presidente Molina lo hicieron caminar miles de pasos hacia atrás cuando intentó realizar una tímida Reforma Agraria.

Esos grupos de poder económico, intactos y peleando cada centímetro, se gozan en amenazar al mismo gobierno no con los golpes de Estado o las asonadas militares del pasado; pero sí con “retirar” sus inversiones, despedir empleados y cerrar sus empresas, como se puede apreciar son “otros” los caminos, para lo cual remoza, reinterpreta o simplemente repite, los hechos y las palabras del pasado. En esa iniciativa privada están los ricos, riquillos, ricotes, con su cauda de comerciantes, industriales, banqueros (en menor medida porque los antiguos dueños salvadoreños vendieron “todo” a empresas transnacionales), latifundistas y usureros.

En el presente hemos asistido a largos periodos en que se amenazan, se asustan unos a otros, se previenen. Me refiero a esa lucha incruenta entre el gobierno y las cúpulas empresariales. Lo decimos así porque hay cierto sector del gran capital que no disfruta viendo y oyendo las sandeces o tonterías de los directivos de la ANEP y de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador. Luego, como que “los contendientes” retiran a los “nuevos fantasmas”, los disfrazan o los guardan en el ropero de trebejos y se unen, contentos, a proseguir el juego de la vida nacional en aparente armonía y concierto. No es tan así, lo hemos visto en plena campaña electoral, pues cuando los “altos” dirigentes de Arena arrecian contra el Ejecutivo y el partido en el gobierno, la agenda se repite en los amplios salones de las esferas empresariales.

El presidente de la República no es tan dócil como supuestamente esperaban los grupos de poder económico. Y ante las amenazas de estos sectores, responde con medidas concretas como la presentación de anteproyectos de ley ante la Asamblea Legislativa para “aumentar” ciertos impuestos o modificaciones a la declaración de la renta. Es una especie de juego: si ustedes amenazan con desestabilización y se tornan nostálgicos con medidas militares del pasado, nosotros nos volveros más radicales y los golpearemos donde más les duele. Y así han ido transcurriendo los años, con cero crecimiento económico, aumento en el costo de la vida y con los políticos derechistas acariciando el momento de regresar el control del gobierno para seguir con el festín apenas interrumpido por cinco años.

No debemos llamarnos a engaño: la oligarquía mantiene el peso económico, controla los “grandes” medios de difusión, así como las importaciones y la distribución de los productos esenciales para la economía nacional. Las medidas políticas adoptadas por el gobierno quizá les duele, los intimida; pero mientras no se llegue al fondo del asunto, a la modificación del modelo económico, todo está bien y basta con apoyar a determinados partidos políticos de la derecha para controlar los “arrebatos” del Ejecutivo. Por eso Arena mantiene su campaña de “más diputados” y concejos municipales porque desde el Primer Poder del Estado puede detener cualquier proyecto de ley, mientras prepara el camino de retorno al gobierno central. Como se puede ver, los fantasmas ahora son otros; pero los actores son los mismos.

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