En los próximos años Venezuela se convertirá en una potencia exportadora de productos de la agricultura. Pasará de importar la mayoría de sus alimentos a producirlos en sus tierras fértiles. Eso ha requerido firmas de convenios y alianzas con países como Argentina, Brasil, Cuba y Uruguay. Por encima de todo ello: la decisión del gobierno, presidido por el comandante Hugo Rafael Chávez, de comprometer a los campesinos y hasta los propietarios de grandes extensiones de tierra, de capitalizar el campo, de invertir en unidades productivas y aprovechar las ventajas de los intercambios comerciales.
En el caso nuestro no hemos podido avanzar en este rubro, a pesar de las amenazas de la falta de alimentos a nivel mundial, debido al estado en que los gobiernos de Arena dejaron el campo: abandonaron totalmente la agricultura y potenciaron la importación de toda clase de productos alimenticios por considerar que “era más rentable importarlos que producirlos en el país”. De productores de maíz y fríjol pasamos a importar la mayoría de esos cereales, Nicaragua se ha convertido en el gran proveedor. Le dieron, los regímenes areneros, un golpe de gracia a los ganaderos y productores de leche. Hatos enteros, haciendas productivas, se terminaron en Sonsonate. Particularmente conozco el caso de un ingeniero agrónomo que perdió todo porque el monopolio importador de leche en polvo terminó con su proyecto de producción lechera.
Cuando hablamos de Venezuela y en concreto de capitalizar e invertir en el campo, nos referimos concretamente a realizar, o completar, en su ambiente social o de trabajo, obras fijas, permanentes, instalaciones varias, adquirir instrumentos de trabajo y llevarle tecnología moderna. O sea, hacerle o completarle, infraestructura, estructura y superestructura al mismo tiempo. Las obras materiales necesarias para ello van desde presas y bordos, canales, nivelaciones de tierras, desmontes, defensas contra inundaciones (en el Bajo Lempa, por ejemplo, todos los años en época invernal, los pequeños agricultores afrontan graves problemas por la falta de obras que impidan las inundaciones en sus terrenos y la pérdida total de sus cosechas. Las bordas y los canales son insuficientes y no cumplen con los mínimos necesarios para darles seguridad), drenajes, hasta mejoramiento de tierras con arado de profundidad, adiciones de cal o de yeso o de otros mejoradores de la textura y fertilidad.
En el norte de Morazán, otro ejemplo, muchos pequeños agricultores se han dedicado en los últimos años al cultivo de hortalizas, sin descuidar por supuesto las cosechas de fríjol, de maíz y sorgo; pero estos productores necesitan de una “manita” del Ministerio de Agricultura y Ganadería pasa satisfacer otras necesidades: perforación de pozos e instalación de bombas y redes eléctricas para obtener la energía indispensable. En cuanto a máquinas, debe pensarse en tractores e implementos para sembrar, cultivar, cosechar, ensilar, cortar, moler, secar, desgranar, ordeñar, enfriar, transportar. Me lo dijo rápidamente un campesino de la zona, mientras le compraba pepinos, tomates y otras variedades de hortalizas. Luego, me dijo, vienen las semillas seleccionadas o híbridas, los fertilizantes orgánicos (esta gente raramente utiliza los químicos) , granulados, en polvo o líquidos. Después la construcción de bodegas, galeras, lugares para empaque y selección; la instalación de talleres de mantenimiento, disponibilidades de refacciones, de combustibles y lubricantes, y otras muchas que se pueden agregar a una lista larga y tediosa. Todavía queda la extensión agrícola para la modificación de usos y procedimientos de trabajo.
Si en verdad queremos reactivar la agricultura y ser productivos en cultivos esenciales, el Ministerio de Agricultura y Ganadería debe apoyar a estos agricultores que, como en el caso del Norte de Morazán, el Bajo Lempa, las planicies de Usulután y la zona norte de Chalatenango, dedican todos sus esfuerzos a la siembra de toda clase de cereales y legumbres. En Morazán los campesinos necesitan orientación, asistencia crediticia y técnica, además de maquinaria e implementos agrícolas. En Venezuela los pequeños productores afrontaban muchos de estos problemas, pero la necesidad de ser autosuficientes y adelantarse a los problemas de la carencia futura de alimentos, ha llevado al gobierno del presidente Chávez, a invertir mucho y apoyar económica y técnicamente a los agricultores. Además mucha de la producción es adquirida por los Mercados Populares coordinados por el propio gobierno venezolano.
En nuestro país hay mucho por hacer. En los infames regímenes areneros se abandonó la agricultura y nada más se hacían pequeñas reformas, se cambiaba superficialmente la fachada “agrícola” y se dejaban aplazados los grandes y graves problemas del agro. En el presente se han hecho inventarios y se ha cambiado la forma de atención a los agricultores, inclusive hasta en la entrega de los paquetes agrícolas. Los problemas heredados no son sencillos de resolver, aunque pueden enunciarse con facilidad. Consisten básicamente en adaptar, reinterpretar, acomodar a nuestro medio clima, tradiciones, requerimientos y necesidades, la tecnología agropecuaria que recibimos desde la Colonia. Desde entonces hemos postergado nuestras tradiciones agrícolas o luchado frontalmente contra ellas y no hemos creado una tecnología agropecuaria que sea para nosotros, a la vez propia y moderna. Somos un país tropical, medio árido , con población trepada en cerros pelones y con escasas planicies fértiles y a pesar de ello cientos de pequeños agricultores se las ingenian para hacer producir la tierra y obtener los frutos deseados.
En los dos últimos años que le restan a este gobierno, debe empeñarse en un apoyo decidido a todos los pequeños agricultores, a dotarlos de los implementos necesarios y facilitarles los créditos y la asistencia técnica indispensable. Con el programa de Vaso de Leche, al menos se está apoyando a los productores de lácteos y se una forma u otra se busca reactivar la ganadería. Todavía resta mucho por hacer; pero si de verdad buscamos la autosuficiencia y ya no depender de la importación de los alimentos necesarios debemos apoyarle fuertemente a la agricultura.
En el caso nuestro no hemos podido avanzar en este rubro, a pesar de las amenazas de la falta de alimentos a nivel mundial, debido al estado en que los gobiernos de Arena dejaron el campo: abandonaron totalmente la agricultura y potenciaron la importación de toda clase de productos alimenticios por considerar que “era más rentable importarlos que producirlos en el país”. De productores de maíz y fríjol pasamos a importar la mayoría de esos cereales, Nicaragua se ha convertido en el gran proveedor. Le dieron, los regímenes areneros, un golpe de gracia a los ganaderos y productores de leche. Hatos enteros, haciendas productivas, se terminaron en Sonsonate. Particularmente conozco el caso de un ingeniero agrónomo que perdió todo porque el monopolio importador de leche en polvo terminó con su proyecto de producción lechera.
Cuando hablamos de Venezuela y en concreto de capitalizar e invertir en el campo, nos referimos concretamente a realizar, o completar, en su ambiente social o de trabajo, obras fijas, permanentes, instalaciones varias, adquirir instrumentos de trabajo y llevarle tecnología moderna. O sea, hacerle o completarle, infraestructura, estructura y superestructura al mismo tiempo. Las obras materiales necesarias para ello van desde presas y bordos, canales, nivelaciones de tierras, desmontes, defensas contra inundaciones (en el Bajo Lempa, por ejemplo, todos los años en época invernal, los pequeños agricultores afrontan graves problemas por la falta de obras que impidan las inundaciones en sus terrenos y la pérdida total de sus cosechas. Las bordas y los canales son insuficientes y no cumplen con los mínimos necesarios para darles seguridad), drenajes, hasta mejoramiento de tierras con arado de profundidad, adiciones de cal o de yeso o de otros mejoradores de la textura y fertilidad.
En el norte de Morazán, otro ejemplo, muchos pequeños agricultores se han dedicado en los últimos años al cultivo de hortalizas, sin descuidar por supuesto las cosechas de fríjol, de maíz y sorgo; pero estos productores necesitan de una “manita” del Ministerio de Agricultura y Ganadería pasa satisfacer otras necesidades: perforación de pozos e instalación de bombas y redes eléctricas para obtener la energía indispensable. En cuanto a máquinas, debe pensarse en tractores e implementos para sembrar, cultivar, cosechar, ensilar, cortar, moler, secar, desgranar, ordeñar, enfriar, transportar. Me lo dijo rápidamente un campesino de la zona, mientras le compraba pepinos, tomates y otras variedades de hortalizas. Luego, me dijo, vienen las semillas seleccionadas o híbridas, los fertilizantes orgánicos (esta gente raramente utiliza los químicos) , granulados, en polvo o líquidos. Después la construcción de bodegas, galeras, lugares para empaque y selección; la instalación de talleres de mantenimiento, disponibilidades de refacciones, de combustibles y lubricantes, y otras muchas que se pueden agregar a una lista larga y tediosa. Todavía queda la extensión agrícola para la modificación de usos y procedimientos de trabajo.
Si en verdad queremos reactivar la agricultura y ser productivos en cultivos esenciales, el Ministerio de Agricultura y Ganadería debe apoyar a estos agricultores que, como en el caso del Norte de Morazán, el Bajo Lempa, las planicies de Usulután y la zona norte de Chalatenango, dedican todos sus esfuerzos a la siembra de toda clase de cereales y legumbres. En Morazán los campesinos necesitan orientación, asistencia crediticia y técnica, además de maquinaria e implementos agrícolas. En Venezuela los pequeños productores afrontaban muchos de estos problemas, pero la necesidad de ser autosuficientes y adelantarse a los problemas de la carencia futura de alimentos, ha llevado al gobierno del presidente Chávez, a invertir mucho y apoyar económica y técnicamente a los agricultores. Además mucha de la producción es adquirida por los Mercados Populares coordinados por el propio gobierno venezolano.
En nuestro país hay mucho por hacer. En los infames regímenes areneros se abandonó la agricultura y nada más se hacían pequeñas reformas, se cambiaba superficialmente la fachada “agrícola” y se dejaban aplazados los grandes y graves problemas del agro. En el presente se han hecho inventarios y se ha cambiado la forma de atención a los agricultores, inclusive hasta en la entrega de los paquetes agrícolas. Los problemas heredados no son sencillos de resolver, aunque pueden enunciarse con facilidad. Consisten básicamente en adaptar, reinterpretar, acomodar a nuestro medio clima, tradiciones, requerimientos y necesidades, la tecnología agropecuaria que recibimos desde la Colonia. Desde entonces hemos postergado nuestras tradiciones agrícolas o luchado frontalmente contra ellas y no hemos creado una tecnología agropecuaria que sea para nosotros, a la vez propia y moderna. Somos un país tropical, medio árido , con población trepada en cerros pelones y con escasas planicies fértiles y a pesar de ello cientos de pequeños agricultores se las ingenian para hacer producir la tierra y obtener los frutos deseados.
En los dos últimos años que le restan a este gobierno, debe empeñarse en un apoyo decidido a todos los pequeños agricultores, a dotarlos de los implementos necesarios y facilitarles los créditos y la asistencia técnica indispensable. Con el programa de Vaso de Leche, al menos se está apoyando a los productores de lácteos y se una forma u otra se busca reactivar la ganadería. Todavía resta mucho por hacer; pero si de verdad buscamos la autosuficiencia y ya no depender de la importación de los alimentos necesarios debemos apoyarle fuertemente a la agricultura.





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