19.11.09

Las demandas son muchas, los recursos muy pocos

La reconstrucción del país en las actuales circunstancias no es tarea fácil, no sólo por el desastre y la bancarrota estatal legada por los cuatro regímenes areneros, sino por el derrumbe del sistema financiero mundial, la dependencia del petróleo, la crisis alimenticia y los fenómenos naturales que se han empeñado en causar graves daños a la geografía nacional y, por supuesto, a miles de familias salvadoreñas. A todo ello, debemos agregar la urgente necesidad de reconstruir el tejido social tan estrujado por personas, instituciones y asociaciones que únicamente piensan en el bienestar particular, sin poner atención a los requerimientos de las mayorías poblacionales.

De tal forma que los desastres naturales, como el ocurrido con las torrenciales lluvias y las inundaciones obligan al gobierno a desviar fondos del Presupuesto Extraordinario de la Nación, a contraer nuevos préstamos y a solicitar la ayuda internacional para hacerle frente a las necesidades de miles de damnificados. Sólo el Ministerio de Obras Públicas ha reportado más de 800 millones de dólares en daños a la infraestructura nacional, sobre todo carreteras primarias y secundarias, puentes, sistemas de alcantarillado y bóvedas. La misma situación atraviesa la ANDA, la CEL, y los ministerios de Educación y Agricultura, que tienen que reconstruir escuelas, centros de tecnificación agropecuaria, además de iniciar de nueva cuenta la entrega de semilla para los campesinos, ya que la mayoría de cosechas de frijol, maíz y sorgo se perdieron por daños irreversibles a las plantaciones.

El déficit fiscal encontrado por el actual gobierno superaba los mil millones de dólares, además de los cuantiosos saqueos en la mayoría de ministerios como se ha venido denunciando. Un país tan pobre y sin materias primas ni recursos energéticos como el nuestro, se ve en la necesidad de atender más rápido que temprano las urgentes demandas de miles de familias perjudicadas no sólo por la voracidad e incapacidad de anteriores regímenes, sino por los desastres naturales. Es por lo tanto lamentable y totalmente censurable que ciertos alcaldes de Arena “exijan” rapidez y eficiencia a la presente administración, cuando todos hemos presenciado la forma cristalina y eficaz con que las distintas dependencias han procedido para atender las necesidades de la población damnificada.

En el esfuerzo, por supuesto, han colaborado países amigos como Venezuela, Cuba, México, Chile, Nicaragua, Guatemala, Brasil, Estados Unidos y otros, como ya ha ocurrido en anteriores desastres. Algunas empresas salvadoreñas y asociaciones respetables como ASIA y la Cámara Salvadoreña de la Construcción también han brindado asistencia en recursos humanos y materiales. Muy por el contrario, los dirigentes de Arena no sólo se han mostrado reacios y lejanos a brindar ayuda, sino que se han limitado a criticar y fustigar a distintas instituciones gubernamentales por no “responder” con prontitud a las amenazas que ya se hacían sentir. ¿Quién podría saber que las peores desgracias caerían sobre la población de Verapaz y Guadalupe en San Vicente? Lo que la experiencia indica es que jamás debe construirse sobre las laderas de los volcanes, en las riberas de los ríos o en zonas donde se ha comprobado vulnerabilidad de la tierra y constantes deslizamientos. Para superar esta situación deben erradicarse las causas de la profunda pobreza en que sobreviven miles de familias salvadoreñas, tanto en el área urbana como en la rural.

Como decíamos la reconstrucción en el país no es tarea fácil, sobre todo cuando afrontamos graves problemas económicos y una deuda exterior creciente, todo un paquete heredado por los irresponsables gobiernos areneros. Es más la deforestación, los daños irreversibles causados al medio ambiente, fueron permitidos por las administraciones derechistas en un afán de “mostrar” progreso y modernización del país con la construcción de centros comerciales, hoteles, centros de recreación, unidades habitacionales de lujo, precisamente en zonas consideradas de alto riesgo o reservas forestales como la Finca El Espino, La Cordillera del Bálsamo y todas esas lotificaciones que se extienden a lo largo de la carretera hacia el Puerto de La Libertad.

En un comentario anterior decíamos que el gobierno debe aprovechar este desastre para albergar eventualmente a las familias damnificadas en carpas provisionales y proceder en el menor tiempo posible a construir viviendas populares en otros lugares para ubicarlas de manera permanente. Hemos conocido experiencias en este campo del gobierno de Venezuela que levanta viviendas dignas para personas de escasos recursos económicos, y al mismo tiempo funda fábricas y talleres especializados, hospitales, escuelas y campos deportivos para estos núcleos poblacionales. En tal sentido, la Cancillería debe pedirle asesoría a estos especialistas para hacer algo similar en el país.

De las desgracias y los desastres se aprende mucho, se mide la solidaridad de los países amigos y también se conocen donde están los rivales, los que no se cansan de lanzar piedras al techo del vecino y de alegrarse con los males ajenos, aunque estos sean sus mismos compatriotas. Hasta el momento, pensamos que las cosas se están haciendo de la mejor manera, no tenemos nada que criticar, si ocurrieran casos de corrupción como desvíos de fondos o aprovechamiento político de la ayuda, seríamos los primeros en denunciarlo, como ya lo hemos hecho cuando el gobierno no atiende los requerimientos de los más humildes de este país. Ojalá que todas las instituciones sigan trabajando con esmero y atendiendo con agilidad y eficiencia las demandas de los damnificados, no sólo por un sentido de humanidad, sino porque se trata de salvadoreños que lo han perdido todo, incluyendo muchos de ellos a sus hijos, hermanos, esposas o esposas.

Divide y vencerás


La derecha de este país ha comenzado a buscar formas, estilos y métodos para agenciarse el gane en el 2012, no hay forma de equivocarse en esto. Observa la manera reiterada y planificada con la cual estos pretenden resaltar más allá de lo creíble, las diferencias de opinión que existen entre el presidente Funes y el FMLN.

Ustedes saben que el presidente Funes no es militante natural u orgánico en las filas efemelenista, por lo tanto, es natural que existan puntos no convergentes entre la visión del presidente y el partido que lo llevó a la silla que ahora ostenta. Pero de eso, a decir que hay un pleito y una división irreconciliable, esos son enanos de otro cuento.


En muchas oportunidades Arenacho Castigo y su caja de resonancia Trillos, han sostenido en el programa de los jueves, la tesis de que el presidente Funes es el bueno de la película y que que los integrantes del partido FMLN, son los malos.


Debo confesar que estoy de acuerdo en parte con lo anterior, ya que considero al presidente Funes un buen presidente – bueno, hasta el momento, recuerden que soy un tanto desconfiado.


Donde no coincidimos, como era de esperar con los “plumíferos”, es en la percepción que ellos manifiestan del FMLN. Ya lo dice aquel antiguo escrito: “Por sus frutos los conocerás”, Sí la presidencia de la república es uno de los frutos del FMLN, no se puede entrar en esas paradojas absurdas de atribuir maldad en donde no hay, por el simple hecho de descalificar.


Además, cabe resaltar y recordar los ataques que le aplicaban al presidente Funes todos estos “plumíferos” que ahora lo alaban.

Entiendo que al ser presidente y ostentar ese poder las cosas han cambiado, como también cambiaron las percepciones de estos, que perdieron su ética y su profesionalismo hace años al acostarse con los gobernantes en turno.

Te aseguro que todo mundo sabe a quién ataca Arenacho, eso todo mundo lo sabe y además, saben por qué lo hace, la majada se "hecha lo rollos", ya que este nefasto informador siempre maneja agenda oculta.


Así entonces, antes que cualquiera de los “plumíferos” intente una de sus conocidas patrañas, estemos atentos y no nos dejemos sorprender.


Mira cómo son de astutos estos carajos, el día de ahora tuvo Arenacho al ministro de la defensa e intentó sorprenderlo con unas declaraciones del ministro de justicia y seguridad que estaban des-contextualizadas.
El ministro de seguridad muy habilmente salió por la tangente y no se dejó embaucar.

El solo hecho de querer enfrentar sutilmente a un orgánico del FMLN con uno de los integrantes del grupo los amigos de Mauricio, es una señal que estos carajos de la derecha no están bromeando y que van en serio.


Tan en serio van estos “menteros”, que de forma inexplicable han soterrado el conflicto de ARENA y ya no se ha vuelto a tocar el tema. Mira cómo son de hábiles, date cuenta y caerás en la cuenta que en tanto se recompone la oscura derecha, están pretendiendo fisurar a una izquierda que desde la lejanía se observa graniticamente cohesionada.


Hay que estar pendientes y debes de saber además que la intención es dibujar la división aunque esta no exista. Ya lo dicen el viejo y conocido adagio, divide y vencerás.


Atlacatl
el-salvador.blogspot.com

17.11.09

Los retardatarios de la historia

Una institución seria y responsable buscará siempre la profundización de la democracia, la participación consciente de la población y la realización de todas aquellas obras y proyectos que dignifiquen a todos los ciudadanos y busquen mayor equidad e igualdad en la sociedad. La misión última del FMLN, así lo establece su Carta de Principios, es crear un Estado democrático, revolucionario y socialista y será el pueblo salvadoreño el que tome la decisión final mediante el voto popular. El actual régimen es apenas el inicio de un proyecto a largo plazo que puede tomarse 15 o 30 años más. Lo importante es sentar las bases, concientizar a la población y establecer las diferencias claras que existen entre un gobierno con y para el pueblo y un régimen que privilegia la mercancía, el lucro personal y la desigualdad entre los seres humanos.

Decimos lo anterior porque esta semana, José Luis Merino, un alto dirigente del FMLN declaró que el objetivo superior de su partido es crear un sistema socialista que garantice mayores índices de democracia y permita a los salvadoreños vivir en una sociedad igualitaria, respetuosa de los derechos humanos, donde se dignifique el trabajo, exista educación, salud, trabajo y vivienda para todos los ciudadanos. Hasta el día de hoy lo que hemos tenido es una brecha insalvable donde unas pocas familias son millonarias, cuentan con todos los recursos a su favor, y por el otro, a una inmensa mayoría poblacional que carece de todo. Como era de esperarse las expresiones de Merino provocaron las reacciones airadas del órgano oficial de propaganda de Arena, el diario de hoy, pues, que rápidamente entrevistó a políticos derechistas, reaccionarios y oscurantistas, quienes repitieron el mismo discurso de siempre: el comunismo nos suprimirá las libertades y nuestro legítimo derecho a decidir y optar por una vida en libertad.

Al respecto quisiéramos hacer unas breves puntualizaciones. El comunismo no se edifica por decreto o por decisión de una o un grupo de personas. Debe existir una necesidad objetiva para un cambio en la sociedad y una voluntad explícita de las mayorías para producirlo. Demostrar la necesidad histórica de la reestructuración comunista de la sociedad constituye la idea fundamental del comunismo científico, idea que se concreta y desarrolla en la teoría de las dos fases del comunismo: la primera (socialismo) y la segunda, superior (comunismo). Esta teoría tiene un carácter general y obligatorio para todos los países: ninguno de ellos puede llegar al comunismo pleno sin pasar por la primera fase, el socialismo. El paso de uno a otro también es un proceso sujeto a ley.

Ya hay leyes o principios que demuestran la necesidad objetiva de crear la base material y técnica del comunismo y se presenta toda la cadena de consecuencias que se derivan de la creación de nuevas fuerzas productivas para implantar relaciones sociales comunistas, para que sea una realidad la ventura material y cultural del hombre, para que éste alcance su pleno desarrollo. En los programas ya trazados se pone de relieve la importancia de la base material y técnica del comunismo, ante todo de la producción automatizada, para que el trabajo socialista alcance la condición de trabajo comunista. Hay señalamientos claros en que se explica cuáles son las vías concretas para que se forme un tipo único de propiedad, la de todo el pueblo, para que se borren por completo las diferencias de clase entre el campesino y el obrero, las diferencias culturales y de vida entre el campo y la ciudad, entre las clases indicadas y los intelectuales.

El socialismo, por otro lado, es un régimen que surge como resultado de la supresión del modo burgués de producción y de la instauración de un sistema más justo de relación entre los propietarios y los trabajadores. Está basado en la propiedad social sobre los medios de producción, propiedad que presenta dos formas: estatal (de todo el pueblo) y el cooperativo. El socialismo del Siglo XXI también establece la propiedad particular, si ustedes lo prefieren la privada. La propiedad social determina la inexistencia de clases explotadoras, de la explotación del hombre por el hombre, en síntesis que las relaciones entre los trabajadores sean de colaboración amistosa y de ayuda mutua. Bajo el socialismo, se acaba con toda opresión social y toda desigualdad nacional, con la oposición entre la ciudad y el campo, entre el trabajo intelectual y el físico.

Las relaciones de todos los grupos sociales, se caracterizan por la unidad político-social e ideológica; las de las naciones socialistas entre sí, por ser relaciones de amistad, colaboración y fraternal ayuda mutua. Sobre la base de la propiedad social, bajo el socialismo se desarrolla de manera planificada la economía nacional, lo cual es inaccesible al capitalismo. El desarrollo y el perfeccionamiento de la producción social sirven para satisfacer, de manera cada vez más completa, las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo. La vida de la sociedad socialista se asienta sobre una amplia democracia; la incorporación de todos los trabajadores a la participación activa en la dirección de los asuntos estatales. El democratismo socialista garantiza tanto los derechos sociales –derecho al trabajo, al descanso, a la instrucción y al servicio médico gratuitos, a disponer de lo necesario en la vejez, igualdad de derechos para la mujer y el hombre, para los ciudadanos de todas las razas y nacionalidades –así como las libertades políticas—la libertad de expresión, de prensa y de reunión, el derecho a elegir y ser elegido.

El socialismo se diferencia de la fase superior del comunismo por el grado de madurez de todos los aspectos de la vida social. Las fuerzas productivas en el régimen socialista, no están aún lo suficientemente desarrolladas como para asegurar la abundancia de productos; el trabajo no se ha convertido aún en la primera necesidad vital de todos los miembros de la sociedad. En consecuencia, la distribución de los bienes materiales se realiza según el principio “De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo”.

Los reaccionarios y los capitalistas se oponen a la construcción del socialismo porque paulatinamente se termina con la avaricia, con la concentración de las propiedades, la riqueza y los medios de producción, entre ellos, por supuesto, la tierra. Esta gente, ustedes lo comprueban todos los días en El Salvador, está acostumbrada a imponer sus designios, a contar con todos los privilegios, a convertir al Estado en su particular hacienda. Para ellos no existe ni debe privar, la igualdad de todos los seres humanos en la sociedad. Muchos de los “grandes empresarios” no saben ni siquiera el nombre o el apellido de sus esclavos, es decir los obreros, mucho menos están interesados en conocer a su familia y las condiciones en que sobreviven. Cuando en este país se ha hablado de una Reforma Agraria, de repartir equitativamente las cuantiosas ganancias o impulsar “revisiones” al sistema fiscal, como lo está haciendo el actual gobierno, inmediatamente surgen las campañas de desprestigio, los ataques despiadados y las acusaciones de “intentar instaurar un modelo comunista en el país”.

La oligarquía no puede ser eterna, seguir con su modelo esclavizador y su sistema de explotación. Un día llegará en que la mayoría de salvadoreños sean libres, educados y puedan disponer de sus propios recursos para formar a sus hijos. Sea por la vía del socialismo u otro sistema profundamente democrático (el socialismo lo es), no pueden prevalecer “los malos sobre los buenos”, como lo refiere la misma Biblia, aunque de “todo hay en la viña del Señor”. Si los dirigentes del FMLN se mantienen en sus principios y en su conducta, más temprano que tarde la mayoría de salvadoreños atenderá sus requerimientos, y es inevitable porque las sociedades no son estáticas, además de que el mismo capitalismo mundial está dando muestras de haber llegado a sus últimas fases, tal como en su oportunidad lo predijo Carlos Marx.

16.11.09

La fuerza armada en la "calle" II

Hay varias situaciones a rescatar o a resaltar de mi escrito anterior, "La fuerza armada en la calle", antes de caer en los reclamos o señalamientos. Quiero esta vez referirme a ciertos elementos de análisis que no destaqué en mi reflexión anterior y que ahora les traigo a continuación:

1. La poca instrucción o preparación que proporciona la fuerza armada a sus elementos "de la llanura" -los soldaditos-, en aspectos de seguridad e interaccíon social.


2. La picardía, el oscurantismo y la terrible historia que antecede a los que actualmente tienen puestos claves en la institución armada. Me refiero a las altas jerarquías. Estos son "de armas tomar".


3. Mi escrito incentiva la discusión y promueve la convergencia de puntos de vista; aunque nosotros en este blog tenemos el privilegio de escribir, considero que no somos propietarios de la verdad.


Vamos a estar claros de una situación y sin que eso se interprete como un menosprecio hacia el salvadoreño con menos instrucción: los soldados que andan patrullando las calles, no son gente preparada o capacitada en funciones de seguridad pública. Ellos son "enseñados" a defender la soberanía, el territorio y los "cuatro puntos cardinales", como les gritaba el trompa de cuche Monterrosa. Eso puede significar, en un momento determinado, "nutrir" de plomo al que se interponga en ese cometido y sin la posibilidad de mediar palabras.

Además, en mi escrito no me opuse a la salida de la soldadezca, sino al rol que los han puesto a desempeñar, como es el de estar en algunos retenes a cargo de aspectos de seguridad pública o de control vehicular.
Siempre he sostenido que la fuerza armada debe de ser un grupo que respalde a la PNC, pero jamás debe de ser la punta de lanza de la seguridad pública, eso JAMÁS, porque no están preparados para ello; así de simple!

Una situación en donde la fuerza armada reemplace a las autoridades de seguridad pública, no tiene cabida en la Constitución Política
. Esperemos que eso lo sepan muy bien, tanto el presidente de la república, como el ministro de defenza.

Adicionalmente, y en menoscabo de la preparación esperada, se sabe que hay diferencias de escolaridad entre los agentes de la PNC y los soldados del ejército. En consecuencia, antes de la salida de estos últimos a la calle, la FAES, como institución que imparte la instrucción, debería considerar una curva de ensenamiento-aprendizaje más pronunciada o sostenida.

El aprendizaje y la capacitación no se dan por decreto, sino ahí tienen el fiasco de educación que nos dejaron para el 2021, cortesía de la mafia arenera que nos desgobernó por tanto tiempo.


La soldadezca ejecuta ordenes sin ponderar las repercusiones de las mismas; es importante garantizar que los que dan estas ordenes sea el personal más idóneo, y , más que nada, de más confianza, de cara al pueblo y al nuevo gobierno. Hay que recordar que los soldaditos, ante una orden de "dar jaque", no pueden decir "no": ahí tenemos fresco el caso de los mártires jesuitas.

Lo anterior me lleva a reflexionar que en la actual oficialidad castrence, de capitanes hacia arriba, TODOS ELLOS participaron en el conflicto armado y ven al FMLN COMO SU "ENEMIGO NATURAL". No nos querramos dar paja pensando lo contrario.
Entonces, podría existir en estos mandos un malsano interés, un rencor crónico, y actuar entre bambalinas para que el gobierno de Funes y del FMLN "pierdan" su batalla contra la delincuencia.

El chafarote, la alta y mediana oficialidad, por idiosincracia, porque la historia patria así lo ha demostrado, es conversador y derechista. Así que la posibilidad del caballo de Troya está bien latente. Conste que en este punto hablo de la mediana y alta oficialidad, de capitanes hacia arriba.
Dense una vueltecita por el sitio internet de la fuerza armada de El Salvador y se darán cuenta que la institución castrense mantiene como héroes a los peores asesinos que ha parido esta sufrida tierra : desde el general psicópata Maximiliano "aguash ashules" Hernández Martínez, hasta el asesino del Mozote, el "Trompa de Cuche" Monterrosa.

Veamos lo que se describe en una de sus tantas y penosas páginas pagadas con el dinero de nuestros impuestos:
"Batallón ATONAL : En esta unidad militar, sus componentes, como ocurrió con todos los de los BIRI, supieron cumplir la misión básica de atacar y destruir, es decir, dejar fuera de acción bélica a los Terroristas del FMLN, empleando tácticas y estrategias que dieron al Ejército resultados positivos y actuando en beneficio de la población civil en general".

http://www.fuerzaarmada.gob.sv/campana.html



Si bien se supone que la institución ha "evolucionado" y se ha "democratizado", no hay duda que a nivel de ideología, pues ellos tienen su corazoncito bien puesto del lado derecho. Si a eso le suman que el actual ministro de defensa, un hombre de lo más honesto (cosa rara, pues los nobles y honestos militares que la fuerza armada ha parido, se cuentan con los dedos de las manos y todavía sobran dedos), no es bien visto entre muchos de sus compañeros de armas y es, además, rechazado por los aún influyentes integrantes de la oscura y tenebrosa Tandona de asesinos.

Entonces, la cosa se pone peluda. Podríamos estar en presencia de una bomba de tiempo? Ojalá y me equivoque!


Dicho lo anterior, e intentando con esto que les escribo poner los puntos sobre las Íes y las barritas sobre las Tés en mi comentario anterior, les dejo más elementos y el contexto suficiente para que continúen el análisis de la salida de la FAES a la calle, ya que no sólo se trata de "salir a matar", como algunos han sugerido, sino de hacer un buen trabajo, que en el tiempo sea sostenible y de gran beneficio para las mayorías poblacionales.


De todas formas, soy de la opinión que nunca existirá una solución militar a un problema ecónomico y social, estructural pues, a menos que esta solución esté encaminada a transformar radicalmente las estructuras económicas y sociales...pero los tiempos de luchas armadas revolucionarias ya son cosas del pasado!

Sinceramente,


Kvernicola

La masacre de los jesuitas

En realidad, lo que enseñan es el buen uso que hacen de sus armas, amparados por su investidura oficial, en contra de ciudadanos inermes a los que se condena por su pensamiento. Y después, así lo ha dicho la experiencia, se extrañan de que de cuando en cuando surjan revolucionarios decididos a pagarles con la misma moneda.


Como si las fechas no fueran ya abundantes. Otro aniversario en el calendario de lo grotesco de la impunidad. Del crimen por el crimen mismo. Pero vivirlas. La masacre del 16 de noviembre de 1989 en el campo de la UCA no está tan lejos. Con estas fechas sangrientas no hay nada tan lejos. Ni siquiera el periódico o las noticias televisadas: a pesar de la insolente distorsión de semejante hecho. Es cuestión de no acostumbrarse, de no creer que nada se repite y que sin embargo siguen siendo las mismas causas. Leer en el periódico “asesinan a sacerdotes jesuitas” e indignarse, verlo en la televisión e indignarse: no sólo los muertos sino la distorsión de su muerte.

La fiesta de las balas desatada esa madrugada del 16 de noviembre de 1989 por la furia y el odio puesto de manifiesto por insolentes militares, expone a la violencia represiva y sanguinaria como un instrumento del que sin mucho pensarlo la clase dominante está dispuesta a echar mano siempre que ella, y sólo ella, lo considere necesario. Así sucedió en enero de 1932, en 1972, en 1977, en el 79 y en los años violentos de los 80 s. Aquí, las fórmulas rimbombantes de la democracia representativa y de los regímenes oligárquicos que desde los orígenes de la Nación han formado parte de la lista brutal de hechos contra la población, estallan en mil pedazos ante la obscenidad, de quienes, desde el poder constituido, identificaron el asesinato de los sacerdotes jesuitas y dos empleadas con una lección cívica ejemplar. Las declaraciones del entonces presidente Alfredo Cristiani, no dejan lugar a dudas.

Pero la masacre de la UCA no sólo sirvió para ubicar la violencia represiva y sanguinaria como una forma normal de proceder de los militares y de sus patrocinadores (léase Departamento de Estado y Pentágono de los Estados Unidos, así como oligarquía salvadoreña), sino también se evidenció la profundidad con que grandes sectores de la sociedad habían logrado internalizar la violencia, hasta convertirla en sedimento aceptado de nuestra vida cotidiana. Entre nosotros, ya se ha dicho, la violencia ha devenido un hecho trivial ante el cual el mero estupor puede llevar a una rápida marginación. En el caso de la UCA, no hay que olvidarlo, se colocó la cereza en el pastel, como la ceremonia cumbre de la serie de asesinatos, de masacres, torturas y desaparecimientos de miles de salvadoreños, cometido por las fuerzas fascistoides al servicio de los sectores económicamente poderosos del país.

De otra parte, el uso sistemático de la violencia represiva por parte del Estado en aquellos tristes y dramáticos años no sólo produjo la privatización (idiotización, dirían los griegos) del grueso de la sociedad salvadoreña. También dio lugar, en algunos estratos del vasto universo que a diario la sufre, a formas brutalizadas de respuesta que se expresan hasta nuestros días en la proliferación de hordas, pandillas les llaman, para las cuales la violencia no es una forma última de la política sino la política misma. El silencio idiota de las mayorías se engarza así con la lumpenización alarmante de algunos sectores “enfermos” de la clase política derechista del país.

Por último, pero no menos importante en la actual coyuntura, la “política” del crimen selectivo aplicada contra los sacerdotes jesuitas, revela la imposibilidad del propio bloque dominante para escapar de la violencia que sustenta y envuelve a su política. Es claro que la “modernización” capitalista que pretende y se afana en sustentar, choca inevitablemente con las formas y usos de la estructura tradicional del poder de otros sectores. En ese horrible crimen masivo quedó evidenciado el saldo sangriento y doloroso que para los dominados del sistema traen consigo las necesidades de “ajuste” en la maquina del poder impuestas por el propio desarrollo capitalista. Porque todos los hechos ocurridos en las últimas décadas, no se puede analizar aislados de la presencia de la oligarquía y su aparato de dominación. Verlo de otra manera, es desconocer nuestra historia y creer en la “sensibilidad” y el “humanismo” de ciertos empresarios, industriales y terratenientes de El Salvador.


Y es que no se puede decir que tales “métodos” sean desconocidos de nuestro pueblo. En realidad por años se le ha acostumbrado a soportarlos por el imperio con que se desata la fuerza bruta sin más. No por nada grandes sectores de la población se oponen públicamente a la salida del ejército a la calle para apoyar a la PNC en su combate contra la delincuencia. El país vivió aterrorizado durante decenios. La represión con las policías de Hacienda y Nacional, y la Guardia Nacional era el pan nuestro de cada día. Las masacres de tantos años, fechas y calendarios no fueron aisladas ni producto de las protestas ciudadanas por la injusticia, se dieron por mandato de los grupos económicamente poderosos en su afán de mantener sus privilegios y el estado de cosas que les han permitido atesorar riquezas. Con todo, y lamentablemente, la masacre de la UCA, parece perderse ya en el pasado, como tantas otras ocurridas a lo largo y ancho de nuestra geografía, salvadoreños sacrificados al “orden” del sistema político imperante en esos tiempos. Para un pueblo al que se ha impuesto el crimen como modo específico de hacer política nada de esto puede parecerle ya extraordinario. Esas quizás las lecciones más esclarecedoras de los crímenes horrendos cometidos en esta nación.

Muy bien recordamos las órdenes del ejecutivo dados en los años 70 y 80, así como las declaraciones públicas de los mandos militares y de los jefes policiales: “tenemos órdenes precisas de disparar, y capturar contra los que atenten contra la paz pública o intenten causar desórdenes…” En general, así lo establece la historia, esto es algo que acostumbran decir los comandantes de los ejércitos de ocupación de un territorio enemigo en armas, o el jefe de una pandilla de criminales que se disputa con otras el dominio de los bajos fondos de una gran ciudad estadounidense. Esa era la consigna de los chafarotes, de los López Nuila, de los Elena Fuentes, Zepeda, Montano, Vides Casanova, y de los patrocinadores y ejecutores intelectuales y materiales de los Escuadrones de la Muerte.

En aquellos y en estos tiempos tanto los estudiantes, como los campesinos, los obreros y todos los sectores organizados o no, tienen todo el derecho del mundo para hacerse oír por los gobiernos nacional y locales, lo mismo un 1 de Mayo, que en diciembre o septiembre. Su rebeldía se alimentó en aquellos terribles años de las pretensiones de los regímenes oligárquicos, decididos, no digamos a no dejarlos hablar, sino a exterminarlos, porque son “comunistas”. Los grupos opositores tenían que luchar contra la ley de la jungla, la más primitiva, la más salvaje, que no conocía del honor en la lucha, que elevó el asesinato, las masacres, a principio de gobierno. Miles de salvadoreños manifestándose fueron cazados desde las azoteas de los edificios, emboscados, como en la plaza cívica en el entierro de monseñor Oscar Arnulfo Romero, otro magnicidio de la barbarie fascista; o masacrados en su propia universidad, como los jesuitas, exactamente por aquellos que no dejan pasar una oportunidad para “regañar” y “aconsejar” a los sacerdotes sobre el modo en que deben comportarse y guiar a los estudiantes en las aulas universitarias. A su manera, el Estado Mayor de la Fuerza Armada impartió sus bendiciones en el campus de la UCA. En realidad, lo que enseñan es el buen uso que hacen de sus armas, amparados por su investidura oficial, en contra de ciudadanos inermes a los que se condena por su pensamiento. Y después, así lo ha dicho la experiencia, se extrañan de que de cuando en cuando surjan revolucionarios decididos a pagarles con la misma moneda.

13.11.09

La crisis económica y la delincuencia

Durante el año que va terminando, hemos podido ver como dos fenómenos sociales han recorrido y siguen recorriendo el país, de frontera a frontera. Se llaman: crisis económica y delincuencia galopante. A veces parecen más bien los estandartes de dos tendencias, las puntas primordiales de corrientes políticas agazapadas, y, en ocasiones, solamente semejan ser como esos espantapájaros que los humildes campesinos colocan en sus maizales de temporada, para prevenir la merma de sus cosechas.

En El Salvador hace tiempo no tenemos buenas temporadas, ni épocas de paz; esos fantasmas a que hemos aludido hay periodos como que se esconden o desaparecen; pero de pronto nuevamente toman forma, ya sea en terribles acontecimientos (el derrumbe del sistema financiero mundial nos ha afectado demasiado), ya en denuncias airadas, protestas y acciones particulares de venganza de quienes sufren y han sufrido el flagelo de la delincuencia. Los grandes capitalistas saben cómo enfrentar la crisis del modelo, unas acudiendo al auxilio de los gobiernos, casos concretos de Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido; otras protegiendo sus ahorros, nacionalizando las pérdidas y privatizando las ganancias. El crimen organizado, la violencia común, es más complicada de resolver, sobre todo en países tan pobres, deprimidos, sin recursos energéticos ni materias primas como el nuestro.

En el medio de semejante crisis, surgen otros problemas como las inconformidades y los ataques mediáticos de sectores económicamente poderosos quienes se siente amenazados por medidas, así sean tibias, de gobiernos progresistas. Lo estamos viendo en nuestro país: el “gran” sector empresarial, se entretiene y se goza en criticar y amenazar al régimen por ciertas revisiones, “reforma”, le dicen, al sistema fiscal. Como hace años lo hicieron sus abuelos y sus padres, repiten los hechos y las palabras del pasado. (Les recomiendo repasar los argumentos utilizados para justificar el genocidio de 1932: nunca tuvieron la delicadeza de señalar la depresión económica, la falta de trabajo y los miserables salarios pagados a los artesanos y campesinos, sino que directamente culparon al “comunismo internacional” de los graves acontecimientos de ese y posteriores años). Hay estudiosos que aseguran que al “fantasma” de la delincuencia lo avivan quienes se lucran con el narcotráfico, la venta de armas, las agencias de seguridad y el contrabando.

Y cosa extraña, parte de la dialéctica y, si lo prefieren, la lucha de contrarios: ambos han tenido largos periodos en que se amenazan, se asustan, se previenen. Los empresarios e industriales protestan hipócritamente por las extorsiones, los secuestros, los robos, asaltos y homicidios; pero pasado un tiempo, como que esas amenazas las disfrazan o las guardan en el ropero de trebejos y se unen, contentos, a proseguir el juego de la vida nacional en aparente armonía y concierto. “Mientras no nos afecten en nuestros negocios, dejemos al gobierno hacerle frente a los pandilleros”, parece ser la consigna repetida hasta el cansancio. Es más fácil señalar a Satanás como el responsable de todos los males, incluso el pecado, que acusar a los grandes evasores de impuestos, a los corruptos y a los contrabandistas. Y como las iglesias de distinto signo les hacen segunda o primera, pues todos felices.

Es como esa economía del rebalse a que en más de alguna oportunidad hemos hecho alusión: si nos das algo de lo que tienes y has acumulado, para repartirlo entre los que nada tienen y mucho necesitan, vamos a seguir en los negocios, para que los salvadoreños “tengan algo”. Aconsejan al gobierno hasta los límites por llegar en materia de “reformas”, lo estamos viendo con la revisión fiscal; pero no son capaces de admitir lo injusto del sistema tributario en general, la inequidad de nuestra sociedad, donde hay unos pocos que lo poseen todo y las inmensas mayorías poblacionales que desde siempre languidecen en la peor de las miserias. De este extremo, por cierto, surge la inconformidad, parte de la delincuencia común, las pandillas y quizás las “maras”, aunque hay estudiosos que sostienen que éstas se originan en los Estados Unidos. Pero siempre el tronco común es la pobreza extrema.

Por cierto, en este apartado de la “reforma fiscal”, las cúpulas empresariales han dicho que de persistir el gobierno en estas medidas, desquiciarán al país, hundirán la economía nacional, los capitales huirán al exterior, subirá más y más el costo de la vida, la carestía y la falta de producción traerán el hambre y el caos y entonces se tendrá que recurrir a medidas extremas, como lo ocurrido con el presidente Manuel Zelaya Rosales en Honduras. Más “fantasmas” asoman en el horizonte opaco de nuestra geografía. El régimen tiene todo el apoyo popular para ir más a fondo, para cambiar las reglas del juego e inclinar la balanza hacia el lado de la justicia. ¿temor? ¿desconfianza e inseguridad en sus propias valoraciones? Los revolucionarios conscientes del FMLN siempre pensaron en una guerra prolongada y muy pocos creyeron en una insurrección general, temían que el pueblo no se les uniera y a la hora “señalada” no tomara las armas. ¿Ocurrirá algo similar con el gobierno del presidente Funes? Porque todo indica que está cediendo a las presiones de la oligarquía, al menos en este punto de las revisiones fiscales.

Los retardos, así como las constantes reuniones, son peligrosos. La experiencia dice que luego de constantes amenazas de unos y argumentaciones de los otros, los sectores opuestos transigen, igualan sus deseos en “aras del patriotismo” y del porvenir, se vuelven a reunir, forman comisiones conjuntas, hacen declaraciones cordiales y apaciguadoras, los empresarios y los funcionarios se declaran socios y no rivales, y todo parece arreglado. Hasta que nuevamente surgen las inconformidades y los choques. Los empresarios se “vuelven” progresistas, muchos hasta repiten términos del socialismo, mientras los líderes se tornan hacia el capitalismo, todos se conocen mutuamente lo que tiene cada uno y emprenden otro periodo de cooperación que más tarde, bruscamente, se interrumpe de nuevo. ¿Y el pueblo? Muy bien gracias. Así no es posible llegar al cambio y a las necesarias transformaciones para atender a “los más vulnerables”, a los oprimidos y a los marginados de la sociedad. El presidente Funes sabe muy bien esta situación, lo conoció de cerca durante la campaña electoral y se ha reafirmado en la triste desolación y en la pobreza extrema que viven miles de compatriotas en este desastre causado por las recientes inundaciones.

No podemos permitir que se nulifiquen las intenciones y los buenos propósitos, para evitarlo es necesario rechazar las presiones, las amenazas y los chantajes: si los grupos económicamente poderosos, es decir si la oligarquía, no quiere acepar las tibias reformas al sistema fiscal, el gobierno está en la obligación de hacer cumplir la ley, de sentar un precedente, puesto que la demora es peligrosa y evita seguir caminando en la ruta del progreso. El presidente Funes y sus funcionarios, si marcha en esta lógica, debe recibir el apoyo de la población. Por lo demás, según las encuestas, está en la cúspide de su poderío político personal y se halla cubierto de toda clase de halagos, individuales y familiares. Aproveche todo este caudal político y emocional, querido presidente, y éntrele de lleno, con vigor y decisión a las “reformas fiscales”.

Tiempos de aportar, sumar y compartir

Siempre he sostenido que la vida es como una gran montaña Rusa, algunas veces arriba, algunas otras veces abajo. No todo es para siempre y cuando menos te lo esperas, ha llegado al final lo que comenzó con el nacimiento. Aunque no te quieras bajar, el riel de la vida simplemente ha llegado a su fin y no hay posibilidad de reengancharse.

En esa “vuelta” que te provee el que solo amar puede, muchas circunstancias se configuraran a favor y en contra tuya. Dependerá de tu individualidad y la capacidad que tengas de adherir esa autodeterminación con la que naces a la colectividad, con el afán de aportar, sumar y compartir.

Porque de eso se trata, si te permites ingresar en un proceso reflexivo, te darás cuenta que la mayor parte de tus buenos recuerdos ha sido satisfactoriamente surgidos de tu vocación de compartir, aportar y sumar.

Siempre se ha dicho que es más fácil compartir, aportar y sumar con tus seres queridos, pero les aseguro que es más “jabroso” hacerlo con cualquier manifestación de la vida, y más aún, cuando esta manifestación de vida solo la verás eventual o ciscunstancialmente, y la misma no tiene o tendrá la más mínima posibilidad de retribuirte o compensarte.

Ahora y por circunstancias de la vida, el que solo amar puede nos brinda la oportunidad y posibilidad de aportar, sumar y compartir. Te sabré decir que no hay aporte pequeño, como tampoco hay aporte grande, cuando de cubrir la necesidad del que nada tiene se trata.

Por lo tanto te insto a buscar formas de apoyar a nuestros hermanos en sufrimiento, no solo enfiles tus ojos hacia Verapaz, hay más asentamientos humanos con dificultades. Busca en estos tiempos llevar consuelo, esperanza y amor a tu derredor.

Existen necesidades de abrigo, agua potable, comida caliente y sobre todo se requiere luego de que pasa la conmoción, opciones de reconstrucción.

La reconstrucción no debe de ser un proceso vago, a la ligera y por salir del paso, si existe riesgo de que pueda volver a ocurrir el evento trágico, se deben de realizar procesos de reubicación de todos nuestros hermanos y hermanas afectadas, les aseguro que no hay opción si es que no se quiere volver a sufrir.

En esta oportunidad debemos de hacer las cosas bien, tomándole la palabra al presidente Funes, les digo que no hay posibilidad de volverse a equivocar camino, como se erró en el 2001. En esta oportunidad no queremos más “microondas” como símbolos de casas dignas.

No queremos que la ayuda internacional vaya a parar a las manos de los corruptos y sabemos que el presidente Funes ya dio muestra de tampoco desearlo.

En contraste y como ejemplo, recuerdo que el tristemente célebre Pacún Flores, tomó mucha de la lámina galvanizada que vino como apoyo en los terremotos del 2001, para cercar un par de sus propiedades, me imagino que no fue el único.

Por lo mismo me parece paradójico que aparezcan un par de payasos areneros, como es el payaso Vaquerano, hablando de estos temas de corrupción. Por favor!

Así pues y para finalizar, les aseguro que este es momento de aportar, sumar y compartir.


Atlacatl
el-salvador.blogspot.com

La fuerza armada en la "calle"

Por las actividades que desempeño en mi diario vivir, me toca andar como pat'e chucho por todos los lados de este paisito. El día de ayer me fui a vender plástico a Nejapa y de ahí agarré para Santa Ana.

En la ruta para Santa Ana desde Nejapa nos tocó pasar por esa carretera alterna que lleva a Opico. Me llamó la atención, los dos retenes que nos encontramos; los cuales eran integrados exclusivamente por soldaditos.

Digo que eran puros soldaditos no porque los viera de lejos, sino que fuimos sometidos a un registro en el primero de ellos y no se veía ningún "clase". Un soldadito todo tembeleque con un uniforme que le quedaba extremadamente grande, como el fusil que portaba inició la siguiente conversación:

- Soldadito Tembeleque. Se pueden "apiar" del carro.

- Kvernicola. Con mucho gusto Sr. Oficial.

- Soldadito Tembeleque. Sus documentos de identidad por favor. Arrimensen al carro que los vamos a requisar. Manos a la cabeza y abran las piernas.

- Kvernicola. Compadre, se me acaba de venir a la mente un recuerdo bien "fello".

- Compadre Kvernicola. A mí también.

- Soldadito Tembeleque. Por favor silencio. Hacia donde se dirigen?

- Compadre Kvernicola. Vamos a Santa Ana Sr. Oficial.

- Soldadito Tembeleque. Cuál es su motivo del viaje? - Pensé, este soldadito tiene espíritu de agente aduanero.

- Kvernicola. Vamos a vender esas bolsas que van en la cama del pick-up. Al menos vamos a hacer la luchita.

- Soldadito Tembeleque. Bueno, pueden continuar su viaje.

- Kvernicola. Gracias Sr. Oficial.

Al momento de subir al vehiculo le habían hecho parada a un motociclista, otro soldadito tembeleque inicio el nuevo dialogo de la siguiente forma: Se puede "apiar" de la "amoto".

Ya en la ruta de la ciudad morena, me puse a reflexionar algunos aspectos. No se si el soldadito tenia la instrucción de solo pedir los DUI e ignorar la licencia de conducir y las tarjetas de circulación. Otra posibilidad es que no pudiera leer o que al ser novato en estos menesteres, simplemente se le olvidara.

Mi compadre interrumpió mi cavilación y me dijo:

- Compadre Kvernicola. El motorista ebrio que se les quiera escapar a estos retenes, lo van a detener a puros "frijolazos". Estos cipotes con lo que pudo observar, no sé si serán una medicina real para el grave problema delincuencial o saldrán peor que la enfermedad. Me parece que deberían de ejercer los de la PNC estas labores y que sean los soldaditos los que les den respaldo. Por otro lado, a leguas se les nota la poca instrucción y mire compadre, con el actuar de ellos se nota que en la mente tiene que todos somos mareros y asesinos. Hay que explicarles que nadie es culpable HASTA que se le demuestre lo contrario.

Mi compadre tiene razón, creo que se debe de tener cuidado en esta acción. El presidente Funes debe de manejar con pinzas esta iniciativa y evitar en la medida de las posibilidades, estarle recordando a la población lo tenebroso que fue la fuerza armada en la década de los 60, 70, 80 y 90.

El título de este comentario tiene dos connotaciones, por favor, quédate con la más adecuada.

Kvernicola

11.11.09

20 años después

Muchos de los que tomaron la opción de las armas como camino para realizar los cambios que se necesitaban en este país, hace veinte años, llevaron a cabo una medición de fuerzas con la derecha oligarca de este país y con sus vasallos los chafarotes.

No todo salió como se había planificado, en la medición de fuerzas de noviembre del 99 se perdieron valiosas y heroicas existencias entre los "muchachos". Aunque había conocimiento de la posibilidad de perder la vida en el esfuerzo, les aseguro que no se escatimó esfuerzo, ni espíritu, ni intención para llevar a cabo aquella gran empresa.

Los enemigos del pueblo – los oligarcas y chafarotes – no pudieron asimilar lo que tenía enfrente y se decantaron por el camino más fácil, como fue el de masacrar a diestra y siniestra a la población. Desde los aires y con el uso de naves con metralla y bombas, se asesinó poblaciones indefensas como fue el caso de la colonia Santa Marta, Los Santos I y II, Apopa y la Zacamil entre algunas.

Luego de los acuerdos de paz tuve la mala fortuna de conocer a un piloto de la fuerza aérea que tenía el mote de “matazón”. Este apodo le había sobrevenido debido a que al equivocar coordenadas en un reconocimiento aéreo, había masacrado y prácticamente desaparecido un cantón en el oriente del país. Eso sí, estos imbéciles NUNCA erraron bala en las colonias pudientes de El Salvador.

En ese instante que escuchaba la anécdota del infeliz chafarote, llegaron a mi memoria el estado mental y el nivel de impacto de las equivocaciones de los ejecutores. Valoré y pensé en el impacto de las malas decisiones de los cabecillas, como fue aquella en que ametrallaron a los mártires Jesuitas.

Las desigualdades, las iniquidades y las necesidades de la población salvadoreña eran acalladas a punta de plomo y persecución. No cabe la menor duda que estábamos en las garras de sicópatas asesinos que tenían las leyes a su favor.

Lo más complicado es que al observar en perspectiva y retrospectiva las raíces del conflicto y nuestra realidad actual; muy pocas cosas han cambiado en favor de las mayorías. Quizá el único aspecto en el que se ha evolucionado es que ya no te matan físicamente por expresar tus ideas.

Aunque debo de aclarar que aún hay sectores en estos tiempos de cambio, donde te matan económicamente si cometes el error de expresar tus inclinaciones políticas de izquierda. Sin más, te desplazan por tus pensamientos, ya que la empresa privada está poblada en su gran mayoría por una derecha recalcitrante, oscura y obtusa.

El atropello y el sometimiento al trabajador es el pan de cada día en la empresa privada, las prebendas hacia la gran empresa se mantienen y si no, cómo te explicas esa gran cantidad de publicidad en la derecha mediática. Me pregunto entonces, 20 años después, hemos llegado al lugar como pueblo por el que tanto se luchó.

Los derrumbes, los desastres y las desgracias afectan a los mismos rotos de siempre, años y gobiernos han pasado en estos veinte años sin pena ni gloria. Me pregunto entonces, 20 años después, existe la esperanza de conseguir como pueblo, por lo que tanto se trabajó y empeñó el alma.

La muerte visita todos los días las casas en los barrios y colonias donde pernocta el verdadero pueblo salvadoreño. Me pregunto entonces, 20 años después, hay luz al final del camino en todas nuestras necesidades y vicisitudes o el esfuerzo realizado durante el conflicto armado no valió para nada.

El pueblo nunca es escuchado, incluso en estos tiempos de cambio, a pesar de que ahora tenemos un gobierno de izquierda, será este gobierno un prototipo del gobierno por el cual tanto se luchó o debemos de esperar otro.

Loor a nuestros mártires, nuestros hermanos y hermanas, y a nuestros combatientes que ofrendaron su sangre por un El Salvador mejor.


Atlacatl
el-salvador.blogspot.com

Después del “diluvio” la reconstrucción

En momentos de crisis y catástrofes, como la que en este momento sufre el país, se producen hechos lamentables como los infaltables casos de corrupción y el oportunismo político sobre todo de funcionarios y dirigentes que desde hace rato perdieron el apoyo no sólo de sus mismos simpatizantes y militantes de su partido, sino de la población consciente que por largos años únicamente les ofrecieron obras y ayudas personales, pero que nunca se concretaron.

Se conoce, por ejemplo, que a una comunidad de San Vicente, de las más afectadas por las copiosas lluvias y la inundación, les han prometido enviarles “toneladas de ayuda” en alimentos, medicinas, ropa y más, siempre y cuando depositen en una cuenta bancaria de los Estados Unidos $5.000.00. La denuncia fue hecha por el canciller Hugo Martínez, quien pidió a los alcaldes, a los gobernadores y a las comunidades no dejarse sorprender por personas e instituciones sin escrúpulos que desgraciadamente se aprovechan del dolor y de las necesidades para cometer acciones deshonestas.

El mismo alcalde Norman Quijano, también intenta sacar partido del desastre (los departamentos de San Vicente y San Salvador han sido de los más afectados) repartiendo platos de comida, algunos cereales y unas cuantas láminas a familias vinculadas con el partido Arena. Por supuesto se hace acompañar de camarógrafos y fotoperiodistas. El hecho lo denunció el gobernador de San Salvador. En anteriores catástrofes también se ha conocido de hechos similares, sobre todo en la distribución de la ayuda otorgada por la comunidad internacional. Recordamos muy bien cuando un Ministro del Interior (actualmente de Gobernación), del gobierno de Francisco Flores, intentó “persuadir” al alcalde de Santa Tecla, Oscar Ortiz, de aceptar ayuda del régimen, repartiendo víveres, frazadas, ropa y colchonetas, con los colores del partido Arena.

Esperamos que en las actuales circunstancias se proceda con honestidad y se brinde asistencia oportuna y suficiente a las familias damnificadas, además de aprovechar este golpe de la naturaleza para iniciar una reconstrucción basada en las recomendaciones de organismos responsables y expertos en hidrología, geología y estudio de suelos. La vulnerabilidad del territorio ya no permite seguir construyendo en lugares que una y otra vez han sido el epicentro de todo tipo de desastres. Además, aunque hasta ahora únicamente se han escuchado amonestaciones verbales, es posible esperar un mínimo de consecuencia entre las declaraciones y los hechos. Esto es necesario no sólo por razones éticas, sino también políticas. En el momento presente, el Estado salvadoreño se encuentra debilitado no sólo desde el punto de vista financiero, sino también desde el ideológico-político. Con todo, el nuevo régimen mantiene una reserva moral considerable y, desde luego, un apoyo masivo de la población.

La deshonestidad cultivada por los gobiernos areneros jamás debe repetirse en este país, no sólo por las estafas, desfalcos, robos cometidos contra las arcas del Estado, sino por malversar ayudas internacionales y permitir alegremente la evasión y la elusión fiscal, así como el contrabando. Es más, la corrupción en la entrega de permisos para que los constructores “amigos del partido” destruyeran macizos boscosos y desforestaran regiones que han constituido desde largo tiempo reservas forestales, con nichos ricos en especies de la flora y la fauna, son una de las principales causas para que los grandes deslaves se produzcan en el volcán de San Salvador, la finca El Espino, la Cordillera del Bálsamo y otros sitios tanto en la zona metropolitana como en San Vicente, San Miguel, Santa Ana, La Libertad y Usulután.

Los funcionarios actuales de Protección Civil, Gobernación, Ministerios de Medio Ambiente y Obras Públicas han adelantado que el programa de asistencia no sólo va encaminado a ayudar a las familias damnificadas sino que en un enfoque global reconstruir de manera distinta muchas de las comunidades e infraestructura dañada. Faltaría, sin embargo, que este reconocimiento de la vulnerabilidad estuviera acompañado de datos más concretos. De otra forma, la desilusión y el escepticismo del ciudadano común inevitablemente aumentarán. Eso ocurrió con los ex funcionarios areneros quienes luego de entregar pequeñas ayudas a las personas y a las comunidades, basándose siempre en “lista de afiliados al partido”, nunca más regresaron y todo se quedó en la publicidad y en la propaganda.

El gobierno del presidente Funes, en una medida rápida y efectiva, ha reasignado 150 millones de dólares del programa anticrisis para contribuir a la reactivación de comunidades afectadas por las inundaciones, así como para ayudar a las familias que han perdido sus viviendas y sus cultivos. La coordinación nos parece eficiente y hemos comprobado como las instituciones involucradas (Medio Ambiente, Obras Públicas, Protección Civil, Salud Pública, gobernaciones, alcaldes, diputados, Educación, Gobernación, Defensa, Seguridad Pública y otras instancias) se han movilizado rápidamente a las zonas afectadas. Es lo menos que se podía esperar de un régimen que desde un principio se mostró a favor de los “más vulnerables”, en una “opción por los pobres”, como expresó claramente el primer mandatario en su discurso de toma de posesión.

La verdad no parece que esto sea demasiado pedir, que las familias que se quedaron sin techo (vivía en casas de lámina y de cartón) en zonas marginales como Fenadesal y otras en Soyapango, sean reubicadas en otros lugares y entregarles hogares decentes, dignos, para iniciar una obra social y humanitaria. Quizás a algunos políticos, sobre todo del espectro de la derecha, la medida les parezca antipática y fuera de proporciones por el inmenso valor a favor del gobierno y de determinado partido político que ella tenga; pero sería parte de ese inmenso programa de Casa para Todos que ya ha comenzado y que entendemos comienza a materializarse con la primera entrega en diciembre de este año.

De los grandes desastres surgen también grandes oportunidades. Los ejemplos sobran en el mundo. De hecho, ahora que ya tenemos relaciones diplomáticas con Cuba debe aprovecharse la experiencia y el conocimiento que los cubanos tienen en la materia para solicitarles asesoría y capacitación. Lo mismo Obras Públicas debe firmar convenios con la embajada del Japón, que tienen también mucha experiencia en sismos y en solucionar rápidamente grandes hundimientos en la tierra. Estamos seguros que esas famosas cárcavas y “mega” hoyos como aquí les llaman, serían efectivamente reparados con alta tecnología por expertos de ese país del Sol Naciente. Sobre estos temas de convenios y cooperación de muchos países del mundo, profundizaremos en próximos comentarios.

10.11.09

Mercaderes del dolor



No sé a vos, pero a mí me revienta cuando estos políticos de cuarta, quieren con sus acciones populistas, obtener lucro electoral a costa del dolor de las mayorías en los tiempos de crisis o de necesidad.

El día de ayer por ejemplo, el alcalde de la capital al que muchos conocemos como la llorona de la Escalón, ha utilizado cuanto medio se le ha puesto en frente para “mostrar” lo que en la práctica no ha hecho.

Te aseguro que visito más medios de comunicación, que comunidades en dificultades y las pocas comunidades en las que se vio, debió de coordinar con la televisión derechista para aunar “esfuerzos” y salir bien retratado.

Te recuerdas que en la comunidad Nuevo Israel y para el evento electoral pasado, se le observó en más de una oportunidad prometiéndole a la pobre gente babosada y media. De eso ya pasó más de un año y otro invierno ha llegado al país, el alcalde se ha hecho el de los “panes” y no se le ha visto por aquellos lares.

Ahora argumenta desde la televisión este tipejo, que es responsabilidad del ejecutivo realizar esto de las bóvedas con las cuales en tiempos electorales ganó adeptos. Me pregunto, por qué no va a decirle eso a la gente, recuerdo que este miserable decía que tenía amigos ya comprometidos con las bóvedas, entonces, qué pasó?

Pero el cinismo es tal en este llorón, que ahora ha comenzado a hablar de lagunas de laminación y de otros artificios. El periodista lo cuestionó que era nuevo ese tema y que no tenía conocimiento de esa propuesta. Intentó el llorón salir de campeón y explicó que en el 2005 se había comenzado a barajar esta posibilidad, para disminuir el caudal del Piro y la Lechuza.

El periodista le preguntó, bueno y si desde el 2005 tenían este proyecto en ARENA, por qué razón no lo realizaron. Ahí se hizo el desentendido con frases cantinflesca entre, yo no sé, a lo mejor, quién sabe.

La llorona de la Escalón debería de ponerse a trabajar y dejar de estar disculpándose por su ineptitud. Ya basta de tanta canallada, estamos cansados que en tiempos de dolor quieran aparecer estos hijos de su….. intentando “jalar” agua para su molino.

Lo cómico de la situación fue que en un canal de televisión, no sé cómo este llorón logró meter en la plática del desastre el proyecto del Metrobus. He intentado captar la forma en que puede caber semejante desfachatez en estos tiempos de angustia y dolor y no le veo entrada por ningún lado.

La doña que estaba a mi lado con una inteligencia emocional muy propia de ella y observando mi “encachimbamiento” me dijo de una forma serena y pausada: Si cupo Pilatos en el Credo, no va a caber semejante sinvergüenzada y chantaje en tan grande leperada.

Atlacatl
el-salvador.blogspot.com

9.11.09

Los vividores de las angustias públicas

Las organizaciones sociales aglutinadas en el Foro de Concertación nombrado por el gobierno han pedido ser más enérgicos y más radicales en la “Reforma Fiscal”, al tiempo de plantear la necesidad de aumentar el salario mínimo y otras prestaciones a los trabajadores. Como era de esperarse no hay puntos de entendimiento con las cúpulas empresariales que no están “totalmente” de acuerdo con varios artículos que a su juicio atentan contra “la estabilidad económica” y son “claramente impuestos disfrazados”.

En el Foro están representados los empresarios, los trabajadores, empleados, profesionales y académicos. Desde luego, funcionarios gubernamentales. Al respecto ¿es respetable en momentos de crisis proclamar y sostener la libertad de comercio y demás garantías para que la “libre empresa” fije sus propias reglas, entre ellas el aumento despiadado de productos esenciales como los alimentos y las medicinas? ¿hay alguien en el país que pueda cultivar con optimismo la ilusión de soluciones “tripartitas”, cuya base es la fantasía de combatir la especulación con la generosa ayuda de los especuladores?

Las cúpulas empresariales sostienen que en épocas de crisis económica aguda no es aconsejable impulsar una reforma fiscal y “mucho menos aumentar los impuestos a la población”; por el contrario, los funcionarios del gobierno responden que “es el momento más adecuado porque se trata de proteger a las familias más vulnerables”. En este país por largos años se han postergado cambios necesarios en el sistema económico para tratar de establecer equidad en la sociedad, ponerle paro a los abusos, evitar los privilegios y no permitir la evasión y la elusión fiscal, así como el contrabando que de manera directa afecta a los empresarios honestos y a las mismas arcas del Estado. ¿No es hoy evidente la necesidad de mantener un equilibrio entre precios y salarios sin confiar ese propósito a la ilusión de insuficientes y complicados aumentos parciales en los salarios mientras se mantiene, así estimulado, el libertinaje de los precios?

En el pasado, y pensamos que así será en el presente, el solo anuncio de las justas y desesperadas demandas de aumento en los salarios obreros ha estimulado la espiral ascendente de los precios que vuelven a subir cuando ese aumento se consigue. Sería ocioso repetir la exposición de los factores reales del problema. Todos los sectores representados en el Foro de Concertación Social y Económica saben que el alza de los precios afecta a todos los salvadoreños. El mismo aumento de salario mínimo es sólo un alivio parcial, insuficiente y sólo para un sector en cierto modo privilegiado de los consumidores. Con la crisis mundial que repercute fuertemente en nuestro país (en los dos últimos años se han perdido más de 40 mil empleos según datos del Seguro Social, además de que ha subido el costo de la canasta básica en un 15%) se ha modificado radicalmente el panorama de las relaciones entre la clase trabajadora y el sector patronal: no hay forma de superar el caduco estilo sindical de buscar únicamente el “economismo”, lejos de introducir reformas radicales en los contratos colectivos.

Por lo demás, y es una preocupación general externada en el Foro Económico, toma cuerpo la situación de los trabajadores no sindicalizados (durante los 20 años de regímenes areneros prácticamente se liquidaron todos los sindicatos y las asociaciones de empleados públicos, los que sobrevivieron se plegaron a las exigencias del gobierno), huérfanos de toda protección legal y, además, la del proletariado agrícola víctima obligada de la carestía y marginado de toda medida jurídica y humana. De hecho no tienen acceso a la seguridad social ni a un retiro digno. Esta desesperante situación caracteriza el escenario de estos días cuando se promueven esas tímidas revisiones en el sistema fiscal. Por eso grandes sectores de la población exigen una definición concreta de la política gubernamental: se cederá al chantaje de las cúpulas empresariales, con lineamientos de la oligarquía, o se profundizará en tales “reformas” para aliviar un tanto la pesada carga sobre las espaldas de las mayorías poblacionales.

La pregunta obligada es ¿seguiremos rindiendo culto a la divinizada libre empresa y al mercado? En este lamentable caso, todo pesimismo parece razonable. No estamos exigiendo “grandes compromisos”, ni un abierto enfrentamiento con los “grandes” empresarios, únicamente una definición y reglas claras para saber a que atenernos. Los que obtienen millonarias ganancias deben pagar más, ser honestos en sus declaraciones de la renta y la cancelación del IVA. Los consumidores de bebidas embriagantes de “marca” y los que poseen carros lujosos, yates y más, también deben pagar sus costosos caprichos o gustos. ¿Cómo es posible que cancelen grandes impuestos por sus posesiones en Miami y otras ciudades de los Estados Unidos y los quieren evadir en su propio país?

Todos comprendemos las dificultades y complicaciones de una política que se oriente hacia el control de los precios. Los “grandes” empresarios e industriales están siempre dispuestos a cooperar con promesas que a nada los comprometen que a tolerar la menor limitación a su situación privilegiada. Muchos años del sueño de la prosperidad, sostenido con la tesis “hamiltoniana” de crear la riqueza, aunque se concentre en pocas manos, que ya después rebasará fatalmente esa limitación para beneficiar “a todos los salvadoreños”, permitieron a la burguesía, vigorizarse con subsidios y estímulos directos e indirectos, multiplicados con su protectora alianza con las grandes empresas transnacionales; cimentar y ampliar su poderío hasta el grado de la impertinente altivez que hoy muestra, amenazando al gobierno cada vez que el poder público anuncia una medida de sano nacionalismo o algún esfuerzo por hacer menos injusta la distribución del producto nacional.

Esa acrecida iniciativa privada se ha opuesto –hasta hoy victoriosamente—a la “reforma fiscal” indispensable para nutrir al fisco con la equitativa contribución de quienes más beneficios y lucros obtienen en sus empresas y no con hacer recaer las máximas obligaciones fiscales, con impuestos al consumo (o uso de) artículos y servicios indispensables sobre la masa cautiva de todos los consumidores, sin discriminación entre aquel que de casi todo carece y quienes de la angustia pública obtienen el incremento de sus fortunas privadas. La salud del país sucumbirá, más pronto o más tarde, a nuevos triunfos del interés de la “libre empresa” sobre las necesidades vitales de la mayoría de salvadoreños. Este parece ser el dilema que se plantea hoy al régimen. Después de tantos “triunfos” de los poderosos sectores empresariales, el país espera el anuncio de una victoria popular que anteponga el interés de la nación y de los sectores mayoritarios de su población, al del lucro excesivo –en tiempos de crisis multiplicado más allá de toda esperanza fenicia—de un sector privilegiado el cual, a la hora de las precisiones, ni siquiera puede demostrar su condición salvadoreña.

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